Versos Spanish Amalia Domingo Soler 31

Spanish poem

31

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Espíritu protector que estás mi sueño velando, y que me vas iniciando en otro mundo mejor; eco mágico de amor que jamás encontré aquí: fantasma que solo ví un instante en este mundo, sin que en mi dolor profundo tuvieras piedad de mí.

¿Por qué cuando te llamé no acudistes á mi ruego? ¿Por qué á mi espíritu ciego no le mostrastes la fé? ¿Por qué sola me encontré en esta triste región? ¿Por qué mi débil razón buscó el punto de partida?

¡Y solo hallé en esta vida la muerte del corazón!!

Y pregunté en mi ansiedad olvidando que en la tierra, cada cual un algo encierra de otra fuerte voluntad; se agita la humanidad porque Dios en su poder nos demuestra que al hacer cuanto nuestra vista alcanza, en su divina balanza tiene condición de Ser.

La tuvo sin duda alguna mi profundo desconsuelo; cuando no encontré en mi duelo ¡ni una esperanza, ni una! Cuando mirando á la luna y á su séquito de estrellas, exclamaba: son muy bellas y me place su fulgor; y abraza un himno de amor olvidando mis querellas.

Sin comprender que existían en sus discos luminosos, mil mundos que explendorosos más que la tierra lucían, que nuestra pena sentían

aquellos que sucumbieron; los que á nuestra vida dieron aliento con su ternura, y que al dejar su envoltura con su amor nos protegieron.

Ciega por completo estaba, hasta que tu voz amiga me dijo que mi fatiga á su límite tocaba; que sola no me encontraba, que al terminar mi expiación, con otra nueva misión en la tierra esperaría, hasta que llegara el día de mi eterna salvación.

Esperé; pero despierta yo no encuentro ante mis ojos, mas que entre zarzas y abrojos una luz vaga é incierta: pero cuando queda muerta la materia por el sueño, entonces sí que risueño mi espíritu en su albedrío, se eleva por el vacío y se cree del orbe dueño.

Entonces me apoyo en tí, y serena y sonriente

pido auras para mi frente y ver lo que jamás vi. Y se extienden ante mí mundos, planetas, regiones, pasadas generaciones épocas que aun no han venido: y el polvo que han producido las ruinas de mil naciones.

Y seguimos adelante y vemos mundos y espacios, con techumbres de topacios y columnas de diamantes; nos paramos un instante, nos miramos con afán diciendo: ¿terminarán las maravillas de Dios? ¿O nuestros pasos en pos siempre de su gloria irán?

¡Siempre! (nos responde un eco.) Siempre hallareis un camino, donde el Hacedor divino nada hizo estéril ni seco: á la peña le dió hueco para que en ella escondida, se encuentre agua bendecida en donde apague su sed aquel que sediento estaba;