Spanish poem
26
El hombre es un problema indescifrable, que las ciencias exactas no han podido darle una solución inapelable. Mañana, ¿qué será? y ayer, ¿qué ha sido?
Religiones ardientes, visionarias, y escuelas filosóficas sombrías... que al progreso dan formas embrionarias, murmurando incoherentes profecías.
El César en su trono soberano y el ciervo que ante el látigo obedece, todos quieren saber el hondo arcano de algo que en el misterio se engrandece.
La causa del efecto que dá vida, el porqué del porqué grave y profundo: lo que nos marca un punto de partida, llegando á ser la brújula del mundo.
Esa alma universal que al orbe llena de perfumes, de luz y de colores, que á todo lo existente lo encadena, uniendo á los abrojos con las flores.
Esa balanza justa, indeclinable, ese equilibrio eterno de la vida, esa fuerza suprema é invariable, que por ninguno ha sido comprendida.
En las hojas sagradas de los Vedas los inspirados Yoguis consignaron, que en los torrentes y en las auras ledas un algo superior adivinaron.
En los Naskas de Persia, en esa historia que á Zoroastro atribuyen las edades, y en el Talmud, resúmen ó memoria que guarda parabólicas verdades.
En la gran Biblia y el Corán bendito, en esas legendarias tradiciones, se vé al hombre buscando al infinito, luchando entre sofismas y razones.
Sócrates, Platón y Xenofonte, y todos los filósofos del mundo, hallaron limitado este horizonte, perdiéndose en un dédalo profundo.
¿Y cómo no perderse, cuando vemos lo pobre que es la humana inteligencia,
que por no comprender, ni comprendemos el misterio que envuelve la existencia?
Exclaman unos: la materia sola los átomos uniendo tiene vida; y otros dicen: la flor en su corola guarda un alma en sus hojas escondida.
Es lo cierto que el hombre es un conjunto de espíritu y materia, y es un necio quien llegue á separarlos, hasta el punto de mirar uno ú otro con desprecio.
¿Pueden aisladas existir? ninguna, y es hasta indisoluble su lazada; porque no hay en la tierra cosa alguna que con otra no esté relacionada.
La creación es un libro, y son los seres las letras que componen su alfabeto, y son nuestros distintos caracteres la fábula que encierra el gran secreto.
¡Y hay tipos en verdad tan especiales, que por mucho que en ellos estudiemos, no podemos decir si son fatales las circunstancias que en su vida vemos!
¡Un hombre ciego, y mudo, que en su mente guarda un foco de luz tan sobrehumano, que al estudio se entrega asíduamente, y busca de la ciencia el hondo arcano!..
¡Y tiene percepción tan delicada! ¡y guarda tan recóndita ternura! ¿cómo esta inteligencia fué educada en medio de tan grande desventura?
¿Cómo este ser perdido entre los seres le dá nombre á las aves y á las flores? ¿y une de Guttemberg los caracteres y conoce perfumes y colores?
Compadecer debemos su impotencia, y sin embargo ¡tiene poderío! ¿á qué fin obedece esta existencia si hay en su esclavitud libre albedrio?
¡Filósofos profundos! de la vida venidme á descifrar este problema; venidme á demostrar porqué escondida, se encuentra en este ser la luz suprema!
¿Porqué la luz negáronle á sus ojos si su mirada busca el infinito? ¿porqué las frases á sus labios rojos cuando él nos dá su pensamiento escrito?
« Casualidad» (dirá el indiferente), «que no debe tomarse tan en serio:» «anatema de Dios» (dirá el creyente) y osado es quien profana tal misterio.»
Estas definiciones no son nada; no descifran el hecho por sí mismo;
no nos dan una prueba razonada como nos dá el profundo Espiritismo.
Solo el Espiritismo es el que puede decirnos como un hombre mudo y ciego, á su impotencia material no cede apagando en su mente el sacro fuego.
Como un hombre que cruza el ancho mundo sin ver, sin escuchar ningún sonido, puede buscar en su anhelar profundo la causa de lo que él no ha conocido.
La ciencia fuera nula, si estos seres no guardaran recuerdos de otra vida; la instrucción al cambiar sus caracteres les dá una aspiración desconocida.
¡Martín Martín! ¿Qué espíritu gigante á tu informe materia está sujeto? fué tu pecho de roca ó de diamante? ¡debe guardar tu ayer fatal secreto!
Debes, como Luzbel, haber soñado en llegar hasta Dios en tu locura; debes como Caín, haber pecado, para sufrir después tal desventura.
¡Ser sordo, mudo y ciego, y en tu mente encerrarse un talento tan profundo!... ¡tener un corazón que tanto siente!... ¡qué estrecho debes encontrar el mundo!