Spanish poem
Boleras Inocentes
by Antonio Plaza (1830–1882)
Arión, hijo de Ceres y de Neptuno, era caballo, y dizque hablaba el bruto; no extraño eso: aquí los brutos hablan en el Congreso. Los nietos de Sesostris, divinizaron guajolotes y monos y hasta lagartos: aquí un conscrito también es inviolable como en Egipto. Dentro del arca un viejo, cuando el diluvio, encerró toda especie de animaluchos: en tal recámara no durmió tanto bípedo como en la Cámara. Calígula—dice un cronista sabio— nombró Sumo Pontífice a su caballo; el tal no miente, porque aquí un Incitatus fue presidente. Los negros de Gorea cambian por vino sus mujeres, sus padres y hasta sus hijos. Un patriotero diera por dos pesetas el mundo entero. Su regia majestad Carlos segundo, caballero hizo a un lomo de un cuasi burro: creo, sin empacho, Juárez hizo ministro a un cuasi-macho. San Juan de Mata vio venir a un ciervo, con una cniz enorme entre los cuernos: he comprendido que lo que vio el de Mata fue algún marido. A los rayos Augusto, tuvo tal pánico, que si tronaba se iba al subterráneo. Hay generales que con un trueno sufren ansias mortales. El dios a quien Pompilio culto le daba, como en carnestolendas llevó dos caras. Los que su mano de amigos nos ofrecen, son como Jano. He visto que a la diosa sin par, Astrea, unas balanzas de oro sirven de emblema. Quizá por eso, es siempre la justicia cuestión de peso. Al morir Junio Bruto clamó enojado: eres virtud maldita, un nombre vano. Y si tal bicho viviera en este tiempo, ¿qué hubiera dicho?...