Spanish poem
Dadme Vino, Y Barajas, Y Mujeres
by Antonio Plaza (1830–1882)
Dadme vino, y barajas, y mujeres, porque la vida se me va escapando; quiero reír en báquicos placeres, porque estoy con el alma sollozando, quiero soñar con Capua y con Citeres, que me está la razón asesinando; quiero con el licor beber la vida, quiero burlarme de mi fe perdida.
Quiero beber. —Estoy desfallecido, mi corazón leproso se entumece. Cuanto puede sufrirse yo he sufrido; dejad que el vino mi cabeza abrume, que en la crápula estúpida me olvido de la vida real que me consume: dejad, dejad, que cínico, beodo, pierda al fin la razón quien perdió todo.
Creí que mi ilusión era posible; pero hallé entre miseria y podredumbre de la yerta verdad la faz horrible: hoy me devora negra pesadumbre, que al buscar en mi sueño lo imposible me desperté del Gólgota en la cumbre; y como Cristo en medio del tormento, os pido de beber... estoy sediento.
¡Susl,.. ¡a beber!... Decapitad botellas, guerra al dolor, a la locura paso. ¡Choque el cristal!... las ilusiones bellas en el fondo buscad de vuestro vaso... ¡Divinas libaciones! yo por ellas me siento arrebatado hasta el Parnaso como fue arrebatado de improviso el hijo de Sabaca al Paraíso.
Baco, Noé, sublimes bebedores, titánicas figuras de la historia; coronados de bácaras y flores debéis estar en la celeste gloria. De Baco a la salud brindo, señores, y de Noé bendigo la memoria; porque siento al beber que el alma crece, y lo grande pequeño me parece.
Y brillan mis harapos humillantes, y levanto mi frente de maldito, enano que desprecio a los gigantes; infeliz que piedad no necesito; Job con regia corona de brillantes; gusano que me arrastro en lo infinito, cuando bebiendo mi cerebro inflamo ¿quién más que yo? —como Satán exclamo.
Licor divino, emanación del cielo, galvánico motor de alma caída, fuego de inspiración, luz de consuelo, bezoar contra el veneno de la vida; tú das calor de la vejez al hielo, y finges dicha al que la ve perdida. Hosanna a ti, a quien el orbe ingente te consagra su culto reverente.
Es de dioses la sangre icor divino, según la tradición de los paganos, y la sangre de Dios vuélvese vino, aseguran católicos romanos. Reveladme iniciados, por San Lino, de la cuba los místicos arcanos, y si queréis que yo me santifique predicad que en la gloria hay alambique.
Servid licor. —Si en duelo fatigoso arrastráis una vida desgraciada, bebed con fe, el líquido preciso es piscina del alma deshauciada: en báquico espejismo primoroso yo miro una esperanza dibujada, y sueño un porvenir indeficiente, que brilla ante mi ephata omnipotente.
Doquiera culto tributar se mira del Dios de Nisa al néctar soberano: por su húmis el tártaro delira, y por el braga el indio siberiano: el saki al japonés placer inspira; hace el neutle feliz al mejicano, y agradecido el universo todo bendice a Baco, al empinar el codo.
Vaga el hombre por áspero camino soñando luz entre tiniebla oscura, y marcha, marcha errante peregrino sin voluntad, ni objeto, ni ventura: al antojo le arrastra su destino como arrastran los vientos la basura, que su propia razón le desorienta y sólo el vino su ilusión alienta.
Somos en manos del destino loco lo que en manos del niño la pelota, es nuestra mente de ilusiones foco: al sentirlas morir, el vicio brota; y caen las creencias poco a poco como el agua destila gota a gota: yo que sufrí terribles decepciones encuentro en el licor mis ilusiones.
Yo que presa de bárbaro ateísmo a renegar de la amistad me atrevo, cuando bebo, depongo mi egoismo, y hermano soy del hombre con quien bebo. Engañado por báquico espejismo el santo afecto de amistad renuevo, y de Diógenes quiebro la linterna al pasar el dintel de la taberna.
Yo dudo del amor, falso es en todo: el amor es un duelo en que uno muere; amor no es redención, es negro lodo, y ¡guay de aquel a quien su harpón le hiere! Más juicioso que amar, es ser beodo; mi corazón a la amistad prefiere, a quien sufre cual yo, le doy la mano, y bebe de mi copa y es mi hermano.
Renegad del amor. —Vivan las bellas copas, a las que doy sabrosos besos, porque en los labios cristalinos de ellas están los goces del Edén impresos. Amo tanto las copas y botellas, que me llena de envidia hasta los sesos el mosquito sinóptico que boga en rojo vino, hasta que en él se ahoga.
Quien nada espera ya, maldice al mundo, y nada espero yo, todo he perdido sufre el alma tormento sin segundo. El licor es un bálsamo querido que hace olvidarme de mi mal profundo. Viejo, enfermo del alma, descreído, sólo vivo, lo juro sin empacho, con la vida ficticia del borracho.
Allá en mi juventud de fuego llena volaba audaz mi fantasía de loco, cual vuela el grano de caliente arena arrebatado en alas del siroco: mi alma otro tiempo compasiva y buena emponzoñada está. La verdad toco, y bebiendo, bebiendo soy felice maguer la sociedad se escandalice.
Sociedad exigente y corrompida; lujuria en el altar santificada; severa mojigata descreída, Safo de Sor Teresa disfrazada; ramera de pudor enrojecida; reina loca de cieno coronada; adúltera que audaz alzas el dedo, yo, ni borracho, respetarte puedo.