Spanish poem
Yo Di Un Eterno Adiós A Los Placeres
by Antonio Plaza (1830–1882)
Yo di un eterno adiós a los placeres cuando la pena doblegó mi frente, y me soñé mujer, indiferente al estúpido amor de las mujeres. En mi orgullo insensato yo creía que estaba el mundo para mí desierto, y que en lugar de corazón tenía una insensible lápida de muerto. Mas despertaste tú mis ilusiones con embusteras frases de cariño, y dejaron su tumba las pasiones, y te entregué mi corazón de niño. No extraño que quisieras provocarme, ni extraño que lograras encenderme; porque fuiste capaz de sospecharme, pero no eres capaz de comprenderme. ¿Me encendiste en amor con tus encantos, porque nací con alma de coplero, y buscaste el incienso de mis cantos?... ¿me crees, por ventura, pebetero? No esperes ya que tu piedad implore, volviendo con mi amor a importunarte; aunque rendido el corazón te adore, el orgullo me ordena abandonarte. Yo seguiré con mi penar impío, mientras que gozas envidiable calma; tú me dejas la duda y el vacío, y yo, en cambio, mujer, te dejo el alma. Porque eterno será mi amor profundo, que en ti pienso constante y desgraciado, como piensa en la vida el moribundo, como piensa en la gloria el condenado.