Versos Spanish Federico Balart Ansiedad

Spanish poem

Ansiedad

by (1831–1905)

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Por no conocerme así, no quisiera conocerme. BOSCÁN

De tan largo padecer, de tan continuo penar, imbécil me he de tornar o loco me he de volver: trastornado está mi ser desde que mi amor perdí y es tanto el mal que sufrí, tanto el que sufriendo estoy, que no encuentro en lo que soy ni sombra de lo que fui. Cuando tiendo la mirada por los años de mi vida, de hallarse tan abatida llora el alma sonrojada: hoy, al fin de mi jornada al contemplarme y al verme débil, apocado, inerme contra la suerte fatal, por no conocerme tal no quisiera conocerme. Desde que mi bien perdí con lucha implacable y muda la certidumbre y la duda batallando están en mí: ni creo lo que creí, ni niego lo que negué; y, examinando el por qué de cuanto temo y deseo, todas las sendas tanteo y en ninguna siento el pie. ¡Feliz, feliz el creyente que espera, firme y entero, en un Dios justo y severo o en un Dios dulce y clemente! Mas ¡ay de aquel que impaciente sondea la eternidad, y, en vaga perplejidad, jamas el ánimo inclina ni a la justicia divina ni a la divina bondad! Para el que no osa creer, es la eternidad baldía un interminable día sin mañana y sin ayer; noche fue su amanecer, y en su horizonte sombrío, negro recorre el vacío un sol que, entre opacas nieblas, rayos lanza de tinieblas y ondas esparce de frío. Pero aquél que, en su impiedad, a la negación se aferra, del ánimo al fin destierra duda, temor y ansiedad: él admite una verdad, ¡triste verdad, bien lo sé! mas para el alma que fue presa de cobarde anhelo, cualquier creencia es consuelo: ¡la fe en la nada aún es fe! Yo, como el agua que llueve corre esparcida sin cauce, como la rama del sauce que a todo viento se mueve, presa de la duda aleve cambio sin saber por qué; y, exhausto de toda fe, con amargo desconsuelo, consternado miro al cielo cuando nombro a la que amé. En vano la Religión me manda, con ceño airado, que, olvidando lo pasado procure mi salvación; que negocie mi perdón, y que, aplicando el veneno que oculto llevo en el seno la triaca que me den, agencie mi propio bien sin pensar en el ajeno. ¡Traición fuera, vil traición, olvidar, falto de brío, a la que por mí, Dios mío, arriesgó su salvación! En indisoluble unión, almas que supo juntar al pie de tu propio altar amor trocado en deber, ¡o juntas se han de perder, o juntas be han de salvar! Y al salvarme, ¿qué ventura lograra yo ¡desgraciado! si en no tenerla a mi lado consiste mi desventura? Aunque en la celeste altura donde mi clamor es estrella, desertando de su huella penetrar consiga yo, para quien tanto la amó ¿qué gloria ha de haber sin ella? ¡Oh! cuando uno ha de caer, acaso el otro, en la gloria, pierda la dulce memoria de los amores de ayer. Mas si no hemos de caber a un tiempo los dos allí, haz, Señor, que junto a Ti mi esposa feliz se crea, ¡ay! aunque yo no la vea ni ella se acuerde de mí!