Spanish poem
Un Gaucho de la Guardia del Monte
by Bartolomé Hidalgo (1788–1822)
Ya que encerré la tropilla y que recogí el rodeo, voy a templar la guitarra para esplicar mi deseo.
Cielito, cielo que sí, mi asunto es un poco largo; para algunos será alegre, y para otros será amargo.
El otro día un amigo, hombre de letras por cierto, del rey Fernando a nosotros me leyó un gran Manifiesto.
Cielito, cielo que sí, este Rey es medio zonzo y en lugar de D. Fernando debiera llamarse Alonso.
Ahora que él ha conocido que tenemos disensiones, haciendo cuerpo de gato, se viene por los rincones.
Cielito, cielo que sí, guarde amigo el papelón, y por nuestra Independencia ponga una iluminación.
Dice en él que es nuestro padre y que lo reconozcamos, que nos mantendrá en su gracia siempre que nos sometamos.
Cielito, digo que sí ya no largamos el mono, no digo a Fernando el sétimo, pero ni tampoco al nono.
Después que por todas partes lo sacamos apagando, ahora el Rey con mucho modo de humilde la viene echando.
Cielito, cielo que sí, ya se le murió el potrillo, y si no, que se lo digan Osorio, Marcó y Morillo.
Quien anda en estos maquines es un conde Casa-Flores, a quien ya mis compatriotas le han escrito mil primores.
Cielito, digo que no, siempre escoge D. Fernando para esta clase de asuntos hombres que andan deletreando.
El Conde cree que ya es suyo nuestro Río de la Plata: ¡cómo se conoce, amigo, que no sabe con quién trata!
Allá va cielo y más cielo, cielito de Casa-Flores, Dios nos librará de plata pero nunca de pintores.
Los que el yugo sacudieron y libertad proclamaron, de un Rey que vive tan lejos lueguito ya se olvidaron.
Allá va cielo y más cielo, libertad, muera el tirano, o reconocernos libres, o adiosito y sable en mano.
¿Y qué esperanzas tendremos en un Rey que es tan ingrato que tiene en el corazón uñas lo mismo que el gato?
Cielito, cielo que sí, el muchacho es tan clemente que a sus mejores vasallos se los merendó en caliente.
En política es el diablo vivo sin comparación, y el reino que le confiaron se lo largó a Napoleón.
Cielito, digo que sí, hoy se acostó con corona, y cuando se recordó se halló sin ella en Bayona.
Para la guerra es terrible, balas nunca oyó sonar, ni sabe qué es entrevero, ni sangre vio coloriar.
Cielito, cielo que sí, cielito de la herradura, para candil semejante mejor es dormir a oscuras.
Lo lindo es que al fin nos grita y nos ronca con enojo, si fuese algún guapo... ¡vaya¡ ¡Pero que nos grite un flojo!
Cielito, digo que sí, venga a poner su contienda, y verá si se descuida dónde va a tirar la rienda.
Eso que los reyes son imagen del Ser divino, es (con perdón de la gente) el más grande desatino.
Cielito, cielo que sí,, el evangelio yo escribo, y quien tenga desconfianza venga le daré recibo.
De estas imágenes una fue Nerón que mandó a Roma, y mejor que él es un toro cuando se para en la loma.
Cielito, cielo que sí, no se necesitan reyes para gobernar los hombres sino benéficas leyes.
Libre y muy libre ha de ser nuestro jefe, y no tirano; éste es el sagrado voto de todo buen ciudadano.
Cielito, y otra vez cielo, bajo de esta inteligencia, reconozca, amigo Rey, nuestra augusta Independencia.
Mire que grandes trabajos no apagan nuestros ardores, ni hambres, muertes ni miserias, ni aguas, fríos y calores.
Cielito, cielo que sí, lo que te digo Fernando, confiesa que somos libres y no andés remolineando.
Dos cosas ha de tener el que viva entre nosotros, amargo, y mozo de garras para sentársele a un potro.
Y digo cielo y más cielo, cielito del espinillo, es circunstancia que sea liberal para el cuchillo. Mejor es andar delgao, ¡dar águila y sin penas, que no llorar para siempre entre pesadas cadenas.
Cielito, cielo que sí, guardensé su chocolate, aquí somos puros Indios y sólo tomamos mate.
Y si no le agrada, venga con lucida expedición, pero si sale matando no diga que fue traición.
Cielito, los Españoles son de laya tan fatal, que si ganan, es milagro, y traición, si sale mal.
Lo que el Rey siente es la falta de minas de plata y oro; para pasar este trago cante conmigo este coro.
Cielito, digo que no, cielito, digo que sí, reciba, mi D. Fernando, memorias de Potosí.
Ya se acabaron los tiempos en que seres racionales, adentro de aquellas minas morían como animales.
Cielo, los Reyes de España ¡la p... que eran traviesos) Nos cristianaban al grito y nos robaban los pesos.
Y luego nos enseñaban a rezar con grande esmero, por la interesante vida de cualquiera tigre overo.
Y digo cielo y más cielo, cielito del cascabel, ¿rezaríamos con gusto por un tal D. Pedro el Cruel?
En fin, cuide amigo Rey de su vacilante trono, y de su tierra, si puede, haga cesar el encono.
Cielito, cielo que sí, ya los constitucionales andan por ver si lo meten en algunos pajonales.
Y veremos si lo saca la señora Inquisición, a la que no tardan mucho en arrimarle latón.
Cielito, cielo que sí, ya he cantado lo que siento, supliendo la voluntá la falta de entendimiento.