Spanish poem
Serenata
by Estanislao del Campo (1834–1880)
«Hermosa por quien suspiro, Dulce alivio de mis penas, Abandona el casto lecho.»
Juan M. Paz.
Despierta, bella Lucila; En el cielo, Ninguna estrella rutila, y en el suelo Solo se oye mi cancion; Deslízate misteriosa Entre sombras: De tus piés de hojas de rosa, Las alfombras Ni sentirán la presion.
¿Está la abuela dormida? Yo lo créo: Su cortina está corrida, Y no veo Que en su aposento haya luz. Dus manos secas no hojean El breviario, Y las cuentas no golpean, Del rosario, En la metálica cruz.
Deja tu lecho mullido, Y, graciosa, Envuelve en blanco vestido Esa airosa Cintura de palma real. Ven hermosa, ven conmigo, Que en mi anhelo, Veo abrirse ya el postigo, Y un pañuelo Ondular tras el cristal.
Ven, Lucila, no hayas miedo: Nadie vela; Solo yo escucharte puedo: La vihuela Muy despacio pulso yo.
¿Por qué tiemblas? ¿Te asustaste? El rüido Que, sorprendida escuchaste, Solo ha sido De la cuerda del reló.
¿Ya la abuela está dormida? Yo lo creo: Su cortina está corrida, Y no veo Que en su aposento haya luz. Sus manos secas no hojean El breviario, Y las cuentas no golpean, Del rosario En la metálica cruz.
Ven Lucila: tu figura Gentil, bella, Entre la tiniebla oscura, Como estrella Derrame su resplandor; Que aquí te aguarda rendido, Y anhelante, El corazon encendido, l'alpitante, De tu amado trovardor.