Versos Spanish Estanislao del Campo Tú y yo

Spanish poem

Tú y yo

by (1834–1880)

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«Por ti fué mi dulce suspiro primero, Por ti mi secreto, constante anhelar.»

G. GOMEZ DE AVELLANEDA.

El alma del que sufre es noche triste: Toldada está por el pesar sombrío, Y las amargas lágrimas que vierte Son, Lucila, sus gotas de rocío.

Halla quien nace bajo estrella amiga, Florida primavera en su existencia, Y hasta el cielo, propicio, le sonríe Del éter tras la clara transparencia.

Tú de mi amante corazon conoces El secreto, Lucila, doloroso: Aunque solo de lejos, has oído Su gemido profundo y angustioso.

Tú no sufriste ni lloraste nunca: Tu vida, solo ha sido una alborada Teñida, cual las plumas de un flamenco, Por una luz dulcísima y rosada.

El fuego del amor que por tí siento, Voraz, inestinguible, ya ha tornado En cenizas las flores de mi alma. ¡La lava del volcan invadió el prado!

Tus amores de niña solo fueron Blandos gorjéos de canoras aves, Brisas del sentimiento, juguetonas, De las flores del alma, aromas suaves.

Tú, en el romance de la vida mia, De mi existencia en la novela triste, Hasta hoy llenaste el doloroso cuadro, Hasta hoy, Lucila, la heroína fuiste.

Yo pasé por el cielo de tu vida Como una nube que arrebata el viento, Sin dejar un recuerdo en tu memoria, Sin despertar en tu alma un sentimiento.

Tú eres el agua que me roza el lábio, La fruta que el sentido me enajena, Y un Tántalo yo soy que en vano agito Los anillos de mi áspera cadena.

Yo soy, Lucila, á tus divinos ojos, Estrellas de brillantes resplandores, Mas bien que tu amador, un jardinero, De quien recibes con desden las flores.

Tú eres la inconmovible y desdeñosa, Aunque gentíl y bella castellana; Yo, el trovador que canta al pié del muro Sin que se abra á su acento tu ventana

Tú eres el astro que en el cielo gira Derramando su lumbre refulgente: Yo, el satélite humilde, condenado A seguir ese giro eternamente.

Tú eres la llama que la brisa leve Hace ondular, apenas, cariñosa; Yo, la víctima triste de ese fuego, La pobre, enamorada mariposa.

Tú, las aguas tranquilas de tu vida Surcarás dando el lino al blando viento, Como el céfiro corre entre las flores, Como cruza la luna el firmamento.

Yo, el desierto, Lucila, de la mia Recorreré infelice peregrino, Mojando con el llanto de mis ojos Las espinas y piedras del camino.

Yo, en ese largo, fatigoso viaje, En mi alma llevaré tu imájen bella. Tú, . . . ¡ni tan solo pedirás al cielo Un rayo de su luz para mi huella!