Versos Spanish Carolina Coronado Cuán Bellas Sois Las Que Sin Fin Vagando

Spanish poem

Cuán Bellas Sois Las Que Sin Fin Vagando

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¡Cuán bellas sois las que sin fin vagando en la espaciosa altura, inmensas nubes, pabellón formando al aire suspendido, inundáis de tristura y de placer a un tiempo mi sentido! ¡Cuán bellas sois, bajo el azul brillante las zonas recorriendo, ya desmayando leves un instante entre la luz perdidas, ya el sol oscureciendo y con su llama ardiente enrojecidas! Y ya brilláis como la blanca espuma en las olas del viento, y ya fugaces como leve pluma, y de sombras ceñidas, cruzáis el firmamento las pardas frentes de vapor henchidas. ¡Cuán dulce brilla en su mortal desmayo rompido en vuestro seno del sol ardiente el amarillo rayo! ¡Y cuán dulce y templado el resplandor sereno del astro de la noche sosegado! Y ¡cuánto, oh nubes, vuestro errante giro place a mi fantasía! triste y callada y solitaria os miro flotar allá en el viento, y por celeste vía melancólico vaga el pensamiento. Y yo os adoro si con tibio anhelo adormís las centellas el vivo sol en el tendido cielo; si en delicioso manto veláis de las estrellas y la pálida luna el triste encanto. ¡Oh!, ¡yo os adoro, del espacio inmenso deidades vagarosas! no cuando hirvientes desde el seno denso en ronco torbellino arrojáis espantosas vívidas llamas del furor divino. ¡Ay! ¡que medrosa entonces se ahuyentara la inspiración sublime! ni medrosa la cítara ensalzara del cielo la belleza, cuando mi sien oprime nubloso manto de mortal tristeza. Muda contemplo de pavor cercada la turba misteriosa que en pos del huracán revuela osada, así errante la vida se arrastra lastimosa a la senda fatal do el mal se anida.— Allá en la inmensidad os mueven guerra furiosos aquilones: así de desventuras en la tierra nos cerca turba insana; así de las pasiones es juguete infeliz la vida humana. Ella varía también la faz ostenta, y brilla y se oscurece, y cual vosotras rápida se ahuyenta; y es nube que exhalada el aire desvanece en la corriente de la triste nada. Mas ¡ay! vosotras revagad en tanto que la cítara mía os pueda consagrar su débil canto. Del sol al rayo bello tended el ala umbría, y apacible volvedme su destello. Y dadme inspiración; yo mis cantares daré a vuestra hermosura. las que sorbéis el agua de los mares, ¡vagad tranquilamente con nevada blancura en la encendida cumbre del Oriente!—