Versos Spanish Carolina Coronado En Buen Hora Llegaste, Compañera

Spanish poem

En Buen Hora Llegaste, Compañera

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En buen hora llegaste, compañera, la desdeñosa irónica sonrisa que tan amarga para el alma era cesa ya de afligir a la poetisa; rompimos el concierto muy aprisa sin aguardar compás en nuestra era y las damas cerraron los oídos y el sexo fuerte prorrumpió en silbidos. «¡Extraño caso! ¡una mujer que canta! Tan sólo oímos la mujer que llora». Eso gritaron los que aplauden ora con tanto bravo y con palmada tanta: ¡fuerza de la opinión cómo quebranta la ley de muchos siglos triunfadora y lo que ayer fue arroyo es hoy torrente marchando de los tiempos la corriente! No conquistó Pizarro el pueblo de oro con más fatiga, con mayor quebranto que de elevar al aire el pobre canto la libertad nuestro sencillo coro; sonó la voz pero sonó entre lloro, porque al fin de las hembras es el llanto, y cantar sin gemir, cantar placeres es propio de varón, no de mujeres. Porque lo sabes ¡ay! nuestra es la pena; el mayor infortunio en las naciones herencia de mujer, no de varones, no podrán usurparnos la cadena; ven conmigo a gemir en hora buena y a defender, amiga, estos blasones de tristeza y sentir y mala suerte que no nos puede hurtar el sexo fuerte. ¿Cómo formar jamás esa armonía de gracioso contraste, compañera, si la mujer humilde no gimiera mientras el hombre soberano ría? Canta la vida triste, amiga mía, que ellos deben cantar la placentera, y pues que suyos son placer y risa que le dejen el llanto a la poetisa. No ha de mudar la ley volcar el trono de las dolientes hembras el gemido, ni el gobierno en los hombres repartido ha de ceder el mundo en nuestro abono; ¡ni le plegue el Señor! en abandono quede primero el sexo y confundido que en la palestra pública lanzado intrigante, ambicioso, arrebatado. Para oprimir al pueblo el hombre hasta; no los yerros del mundo acrecentemos, no en la tribuna ni en la lid busquemos renombre duro a nuestra blanda casta; de la bandera nacional el asta en los brazos endebles que tenemos presto al suelo con nos diera y consigo dejando el reino libre al enemigo. ¡Oh no! jamás. —En la modesta casa por toda gloria nuestro canto alcemos y del soberbio dueño conquistemos el privilegio de llorar sin tasa; que siempre habrá de ser la vena escasa por mucho, compañera, que lloremos para gemir del hombre el cruel dominio sus ímpetus de sangre y de exterminio. ¡Ojalá cuando en guerra desastrada se despedazan cual salvajes hienas, pudieran estas lágrimas serenas su mejilla bañar seca y tostada! ¡Ojalá cuando, en ley desesperada, lanzan al reo bárbaras condenas sobre el peligro al tender rasgo inhumano, regarán estas lágrimas su mano. Cuando nos oigan, cuando el loco orgullo ceda del hombre en nuestro siglo ciego, no estéril ha de ser el dulce riego que hoy brota en melancólico murmullo; nueva generación, ora en capullo, crecerá, se alzará, brillará al fuego del maternal amor; sol refulgente que aun anublado está en la edad presente.