Versos Spanish Carolina Coronado Nunca Se Clama En Vano

Spanish poem

Nunca Se Clama En Vano

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Nunca se clama en vano cuando se clama al cielo en esta lucha del existir humano; todo, Señor, lo escucha la gracia de tu oído soberano. En medio a las estrellas tu reposado caminar suspendes, y oyes estas querellas que tú sólo comprendes, y nos respondes compasivo a ellas. Tú la vena del llanto haces que vierta su fecundo riego en el mayor quebranto, y nos das el sosiego en el cansancio al fin de llorar tanto. Tú de la misma pena haces que nazca el sueño del reposo, y la mar se serena cuando más tormentoso batalla el aire y rompe nuestra antena. ¡Oh, Señor, oh consuelo el dulce, el solo, el cierto que en la vida tiene el alma! ¡Tu cielo contemplando embebida cuántas noches me paso en mi desvelo! La vía reluciente que por la noche atravesando veo del Este al Occidente, ¿será de mi deseo el camino que busco ansiosamente? Aquel iluminado por la fúlgida luz de las estrellas, camino señalado para las almas bellas, ¿no le miro en la noche despejado? ¿No muestra la esperanza del amoroso y celestial recreo el camino que avanza sin vuelta, sin rodeo, sin pérdida en el cielo, sin mudanza? ¿Por qué la pesadumbre? ¿No he de llegar al fin, por más que tarde, a esa dorada cumbre? ¿Es bien que me acobarde? ¿No es harto contemplar su hermosa lumbre? Concierto misterioso hacen los melancólicos luceros; los nublados umbrosos valen por compañeros de los seres que sufren silenciosos. Aquellos en su giro, los otros navegando el firmamento, parece que un suspiro exhalan por el viento para aliviar mi mal, cuando los miro. Si en la bóveda oscura suena el canto del pájaro perdido, me llena de ternura creyéndole gemido que viene a acompañar mi desventura. ¡Pobre ave, tan nueva que en este mayo acaso ha visto el día! ¿Dónde el aire la lleva sola, errante, sin guía, y por qué ese gemido triste eleva? Ya cruza por Oriente, ya muda hacia el ocaso su camino, ya otra vez tiernamente viene a exhalar su trino en los sauces, al pie de la corriente. Dondequiera un amigo de nuestra humana pesadumbre hallamos, dondequiera un testigo: por más que los huyamos, ave, nube o lucero están conmigo. Suave melodía de acentos que en el mundo se responden, movimientos que guía tu mano..., y corresponden de tu máquina eterna a la armonía. Tal vez el tedio aleja de nuestro amargo pensamiento el ave: la luz que nos refleja el lucero suave, resignados, Señor, tal vez nos deja. Tal vez cuando la mente la muerte invoca al sufrimiento cara, se tiene de repente viendo la luna clara asomar tan hermosa y reluciente. Y tal vez si el profundo pesar no suspendieras de esos dones con el placer fecundo, en sus tribulaciones desesperado pereciera el mundo. Halle yo en mi carrera ave desamparada, nube errante, astro que reverbera la luz de tu semblante, y amo la vida aunque de pena muera. Halle de tu grandeza una señal donde mi vista alcanza, y en la mayor tristeza, Señor, tendré esperanza, y en la pena más grande fortaleza. Deja mis ojos claros y de la noche al resplandor divino contemplándote avaros, para el bien que imagino de la esperanza en ti veré el camino.