Versos Spanish Carolina Coronado Salud Prole Gallarda!, Salud Hijos

Spanish poem

Salud Prole Gallarda!, Salud Hijos

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¡Salud prole gallarda!, salud hijos en quienes tiene fijos sus ojos la nación que en vos confía; las madres orgullosas sus frases cariñosas que os trove ordenan en el arpa mía. «Doncella, -me dijeron-; tú que sabes de las voces suaves el sonoro compás, blanda caída; escoge las más bellas y fórmanos con ellas una dulce canción, tierna y florida; »Hoy regalar queremos los oídos de los hijos queridos que alfombran nuestro suelo de laureles». Yo respondí: «Matronas, tejed vos las coronas y yo las llevaré a vuestros donceles». ¿Por qué de aquellas madres la dulzura y amorosa ternura de los acentos que por vos elevan, con la misma armonía de su ardiente poesía mis vagos tonos, juventud, no os llevan? Cantan y lloran, ríen y deliran, cuando pasar os miran, sabios mancebos, en lucida tropa; y ¿no es su orgullo justo? ¿de España el nombre augusto no defendéis vosotros ante Europa? ¿Quiénes, sino vosotros, han sacado al pueblo extraviado en la ignorancia estúpida, al camino? ¿a quiénes hoy debemos lo que el siglo sabemos sino al ingenio vuestro peregrino? Esa ruda corteza que tenía nunca arrancar podía de los viejos el pueblo moribundo; no en sus hombros inertes en los del mozo, fuertes un paso más logra avanzar el mundo. ¿No podrá del saber la rica vena bajo negra melena juvenil palpitar, que necesita que las frentes lozanas se coronen de canas para ostentarla en la vejez marchita? ¡Si puede, responded, turba gloriosa a la voz envidiosa que en el antiguo pueblo se levanta en boca del que espera tener en su carrera al genio que a su ciencia se adelanta. Dejad al cuervo atrás cansado y ronco graznar sobre ese tronco por antiguo en el bosque mutilado, y, garzas placenteras, volad siempre ligeras hacia el árbol que veis recién brotado. Puedan sus altas ramas algún día, con verle lozanía dar sombra a multitud de vuestros nidos que en sus hojas colgados los hijos regalados os guarden de los vientos defendidos. Flores, aromas, frutos, hermosura, pompa, galas, frescura el árbol fecundísimo esparciendo, ¡cuán abundante y puro para el siglo futuro su frondoso ramaje está nutriendo! Hasta el pastor en su gentil corteza podrá grabar «riqueza», hasta las hembras «libertad, ventura», hasta los bardos «gloria», y hasta «paz», por memoria, el guerrero esculpir con su armadura. Para nosotros ¡ay! no bien brotados sus ramos deseados, ni sombra prestan, ni nos dan verdores; y en su blanda corteza hoy grabamos, «pobreza, infortunio, baldón, llanto y dolores». ¿No asoma la tristeza a nuestra frente al ver que solamente en la vana ilusión de la poesía tenemos los primores de esos frutos y flores, galas, aromas, pompa y lozanía? ¿No sentís vuestra sangre, hijos de España, hervir con fuerza extraña, correr desesperada por las venas al mirar que logramos en vez de lo que ansiamos miseria, oscuridad, guerra y cadenas...? En vosotros no más, gallardos hijos, tiene sus ojos fijos la española nación, que en vos confía; las madres orgullosas en frases cariñosas ruegos os mandan por la trova mía. Yo quisiera saber, como las aves, de las voces suaves el sonoro compás, blanda caída, para daros con ellas unas canciones bellas dignas de vuestra mente esclarecida. Pero está en cabeza el pensamiento falto de atrevimiento y en los labios la voz de la poetisa, de la propia manera que en la nación ibera la nueva sociedad, torpe, indecisa.