Versos Spanish Carolina Coronado Ya Se Presenta Allí, Ya Nos Aguarda

Spanish poem

Ya Se Presenta Allí, Ya Nos Aguarda

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Ya se presenta allí, ya nos aguarda: decid, ¿no os acobarda, corazones humanos, su venida? ¿hay alguno que inquieto no esté con el secreto que esconde el porvenir para su vida? Yo os conjuro a mirar la última estrella que humilde luz destella, cuando empieza a radiar el sol naciente; y os conjuro, mortales, a recordar los males que lloráis del pasado amargamente. Yo en mi atrevido, pertinaz empeño, quiero apartar del sueño el ánimo tranquilo y descuidado, porque en sí mismo lea, y en cuanto le rodea estime el porvenir por lo pasado. ¿Quién el feliz será que ningún daño ha sufrido en el año que hacia el abismo rápido desciende, y en soñolencia vaga ve el astro que se apaga y no quiere mirar ti que se enciende? ¿Quién será que del año en el espacio la rueda de topacio del sol sobre su frente no ha sentido, destrozando las flores de sus bellos amores, de su esperanza, de su bien querido? Cada cual en su historia lastimada arroje una mirada de su pena al recuerdo lastimero; y temblará de espanto ¿al pensar que otro tanto tal vez te aguarda el año venidero... ¡Ah! -Vos diréis que lóbrego y sombrío empiezo el canto mío, en vez de alzar con plácida sonrisa himno que alegre el alma, dulce expresión de calma del feliz corazón de una poetisa. Vos diréis que los mágicos jardines, los bosques de jazmines, orgullo de la hermosa Andalucía, deben de mi cabeza alejar la tristeza, despertar mi entusiasmo y mi alegría. Diréis que en el murmullo de esas fuentes se calman las vehementes penas del joven corazón herido, y que a esta tierra agravio, si no expresa mi labio la dicha que en sus campos he sentido. ¡Ay! sí; yo cantaré cuando me aleje tal vez por siempre, y deje la tierra, alivio a mi salud perdida; yo elevaré un acento de hondo agradecimiento en el adiós de tierna despedida. No olvidaré las fuentes bulliciosas ni las perennes rosas, que esmalta sin cesar tibio rocío; ni la luz trasparente de un sol siempre luciente sobre el cristal de su encantado río. Yo en las ruinas que cantó RIOJA he besado la hoja de una amarilla flor, que allí temblando crecía en una roca; yo he llevado a mi boca la corona real de SAN FERNANDO. Yo del audaz COLÓN sobre la losa he orado respetuosa en la gran catedral, bajel divino, digno del bueno piloto que un nuevo mundo ignoto buscaba por el piélago marino. No; yo no olvido cuanto grande encierra esta gloriosa tierra; y cuando quiera el Dios de la armonía cesar en su abandono, elevaré mi tono para cantar la bella Andalucía. Diré cómo he venido, triste ave, a este clima suave donde he encontrado generoso abrigo; y que, siempre querida, del árbol que me anida la benéfica sombra irá conmigo. Diré que la amistad me dio sus brazos, que los más puros lazos me estrechan con dulcísimos favores en esta tierra bella: diré que he hallado en ella toda ilusión... excepto los amores. No seré como el mísero gusano que en el ramo lozano después que logra protector asilo, marchita su frescura, royendo la flor pura en cuyas hojas reposó tranquilo. Pero es la vez primera, ¡oh madre mía! que el grave y santo día en que el año nos muestra sus albores vivo de ella apartada, y me siento agobiada de dudas, de presagios, de temores. Por más que esfuerzo el ánimo caído, por más que del sentido quiero alejar presentimientos vanos, la pena me quebranta, se anuda mi garganta al recordar mis padres, mis hermanos. El año expira... en él ya no los veo sino por el deseo; pálido el nuevo sol irá mañana con sus rayos perdidos, cuando aún estén dormidos, las rejas a alumbrar de mi ventana. Mis tórtolas con queja lastimera, sin mí por vez primera, saludarán del astro la venida; ¡hartas veces cantamos y juntas celebramos la antorcha de esos años extinguida! Y he visto que los años mi contento de uno en otro momento en mi espíritu han ido amortiguando, y que de mi poesía la llama que lucía, poco a poco también se fue apagando. ¿Qué nos traerá ese sol aún escondido a este mundo afligido? ¿Qué nuevo llanto verterán los ojos? ¿A qué ignorada pena la suerte nos condena en sus varios y fáciles antojos? Tal vez de España, guerras, desventuras, aguardan las criaturas, o el espantoso azote del Oriente vendrá, salvando mares, las vidas a millares a devorar de nuestra pobre gente. ¡Y el año expira.... y suena la campana que pronuncia el mañana! Y ciegos, sin saber donde corremos, por más que le temamos, al porvenir nos vamos, ¡aunque en el fijo mal nos estrellemos! ¡Mísera condición! Nadie nos guía esta noche sombría; perdemos ya de vista a un ENEMIGO en el año que ha muerto: pero ¿sabéis de cierto si en el presente hallamos un AMIGO? Vos no temáis, aunque enemigo sea, porque en esta pelea sois hombres, al fin, y con valor os vemos a sufrir padeceres; ¡pobres de las mujeres que ni valor para sufrir tenemos! Y aun cuando el año próvido y fecundo venga sobre este mundo a dar de bienes su rocío santo, siempre, sin dichas otras, será para nosotras ¡estéril en placer, fecundo en llanto!