Spanish poem
Ya, Neira, Despedí A La Golondrina
Ya, Neira, despedí a la golondrina que en el techo campestre haciendo el nido mansa inocente mi compaña ha sido en la estación risueña que termina; la grulla en cambio ya vino dañina el fruto a destrozar recién nacido que en este yermo a fuerza de sudores lograron cultivar los labradores. El pato en enturbiar las claras fuentes de este valle purísimo obcecado revuelve con el fondo encenagado los graciosos espejos trasparentes; ¡lástima que desdeñe las corrientes de un brillo tan hermoso y azulado, donde lucir pudiera entre la espuma, por hundir en el fango el alba pluma! ¿Quién nos diera encontrar siempre a la bella que en nuestros techos amorosa anida y en su cantar sencillo entretenida nos divierte feliz de sol a estrella? ¿Quién nos diera encontrarla siempre a ella que a nadie ofende, cuya dulce vida consagrada a los suyos, sobre el heno, ni daña al labrador ni anda entre cieno? ¿Hay en mi tierra hermosos olivares formados como tropas, en hileras? Pues a dañar su flor a sus praderas vienen bandos de grullas a millares. ¿Hay arroyos que van entre juncares retratando el verdor de estas laderas? Pues acuden los patos a bandadas, «¿Aves estas no son civilizadas?» ¿Qué más da que en mi lira sean cantados hombres o grullas si en diversos nombres disfrazadas las grullas van de hombres y los hombres de grullas disfrazados? ¿Por qué han de ser los patos desdeñados si los hombres tal vez con sus renombres viviendo en bacanales, como en cieno, no fueron ni más puros ni más buenos? ¿Qué más da pues que yo cante los hechos con mi endeble laúd, mi voz de niña de las aves que pueblan la campiña y las aves que habitan bajo techos? Con iguales instintos y derechos todas viven del daño y la rapiña; soldados-grullas talan los sembrados y las ciudades ¡ay! grullas-soldados. Galanes patos de la fuente empañan el manantial que beben los pastores, patos galanes, patos impostores en las virtudes la calumnia ensañan; hombres-patos, en fin, sus alas bañan en fétidos pantanos corruptos; patos-hombres sepultan en orgías su bella juventud, sus bellos días. ¿Por qué al mísero pato guerra tanta, por qué a la infeliz grulla tanta guerra, si hay seres más indignos en la tierra y el hombre docto los celebra y canta? Cada piedra, cada ave, cada planta, una vida, una historia, un mundo encierra y muchos en el mundo, bien lo sabes, valen menos que piedras, plantas, aves. Pues no siempre he de hallar por mi camino golondrinas, que pocas han quedado, mejor canto a las grullas, que al malvado. A los patos mejor que al libertino: esos nombres de Atila, Jerjes, Nino siempre al numen benigno han espantado y siempre aborrecí como a enemigos los Paris, los Nerones, los Rodrigos. Una grulla el gran Jerjes vale en suma, pero el rico Nerón no vale un pato que fuera a dar el pájaro barato aun dando por Nerón no más la pluma: ¿pues por qué si la historia nos abruma con uno y otro nombre tan ingrato no ha de cantar, sin que te cause risa, a la grulla y al pato la poetisa? Lo mismo da las aves que los hombres lo mismo el campo da que las ciudades, pues componen entrambas vecindades, los mismos seres con distintos nombres; grullas hay en el mundo con nombres, patos bajo soberbias potestades, y en ciudades lo mismo que entre encinas sobre grullas y patos golondrinas.