Spanish poem
Yo No Puedo Seguirte Con Mi Vuelo
Tú, huéspeda de villa populosa, yo de valle pacífico vecina, tú por allá viajera golondrina, yo por aquí tortuga perezosa: tú del jardín acacia deliciosa, yo del arroyo zarza campesina, ¿qué indefinible, rara inteligencia enlaza seres de tan varia esencia? El entusiasmo que hacia ti me impele, la dulce fe que hacia mi amor te guía, disponen que en amiga compañía, mi canto unido a tus acentos vuele; mas yo no sé, paloma, si recele que, al fin, he de quedar sola en la vía, pues tal vas ascendiendo por el cielo, que no puedo seguirte con mi vuelo. Tú desde el centro de la regia villa domeñas con la voz los corazones, yo sólo alcanzo a modular canciones en honor de la simple florecilla; ve si el ala podrá, corta y sencilla, de la alondra, ganar esas regiones que traspasas, de sola una carrera, dejando un cielo atrás la compañera. Si mi ardoroso empeño a ti me envía, de ti me aparta el genio que te eleva y sola a conquistar la prez te lleva que no osara tocar mi fantasía: pero no temas, no, que el alma mía de su destino a murmurar se atreva, pues que suyo será el bello destino de alfombrarte de flores el camino. Mas, al fijar la perspicaz mirada en esa sociedad, cuya existencia ha menester de intérprete a la ciencia para ser comprendida y revelada; afligida sintiendo y fatigada, acaso tu sencilla inteligencia, rechazarás el mundo con enojos y hacia mi valle tornarás los ojos. ¿Y qué hallarás?... La garza en la ribera del fresno cuelga su morada umbría y allí anhelante a sus polluelos cría al par de la amorosa compañera. Guardan los canes la familia entera que a su lealtad valiente se confía, y fiel a su república la abeja hijos y fruto a la colmena deja. ¿Todas las madres son tan cariñosas entre esa gente de la raza humana? ¿Custodias tiene la nación hispana de sus honras y haciendas tan celosas? ¿Las vidas de los hombres generosas conságranse a la patria soberana? ¿O entre brutos a súbditos y reyes su instinto vale más que nuestras leyes? Donde el arte no está, donde alterada no hallamos la creación en sus hechuras, no ha menester que tengan las criaturas muy alta comprensión ciencia elevada; para cantar del campo embelesada las risueñas perfectas hermosuras, basta de mi garganta el leve acento, y sobra tu magnífico talento. ¿Qué bien hiciera aquí?... ¿dar a estos seres de paz y dicha y libertad lecciones? ¿Inspirar a las tórtolas pasiones o a las hormigas enseñar deberes?... Ve con tan noble empresa a las mujeres que muestran los llagados corazones, y de ese ardiente celo el bello fruto dale a la humanidad, por buen tributo. Deja que mis estériles canciones mueran sobre este arroyo cristalino, y sigue tú, paloma, ese camino el vuelo remontando a otras regiones; deja entre los agrestes pabellones de la alondra perderse el vago trino: y allá del grande pueblo en el altura, difundan tus arrullos su dulzura. Déjame a mí la gloria campesina, brille en la sociedad tu bella ciencia que allí a gloria mayor la providencia tu corazón y tu saber destinas: ¡palpitante lección, viva doctrina a la ignorancia y femenil demencia! Serás, entre su especie degradada, tipo de la mujer regenerada.