Spanish poem
Tardes campestres
by Lisímaco Chavarría (1873–1913)
Tiende la tarde fúlgidas gasas, finge Occidente rojiza fragua; dejan la vega todas las garzas batiendo al aire sus níveas alas... Semeja el barrio verde guirnalda; ¡de aves y flores feliz morada!
Entre la hondura canta que canta, corre un torrente como de plata,
y en las riberas deja en su marcha, blancos encajes de espumas blancas. Allá una choza de hojas de caña semeja un nido bajo las ramas que tiende un árbol con flores albas, y de un trapiche crujen las mazas con ruido ronco cual de matracas.
Ya de la ermita, sonoras llaman con sus repiques ledas campanas; para el rosario las viejas pasan, y por la calle van cabizbajas.
Los mozos tornan de sus labranzas y al hombro llevan lucientes palas, y los coloquios, que con Nazaria, tuvo en la fuente, noche pasada, cuenta a Norberto, en tosca charla, un mozo imberbe de piel tostada.
Allá un muchacho junto a una tranca, entusiasmado toca dulzaina; más lejos se oye alegre danza que alguien preludia en su guitarra.
Por el sendero, una muchacha, viene cantando de la quebrada; en la cabeza ostenta ufana pesado lío de ropa blanca y en la cadera una tinaja que con el brazo tiene y abraza.
Allí una vieja con voz cansada le da consejos a Nicolasa: moza del barrio muy vivaracha que a quince abriles está ya entrada;
con voz muy queda le habla la anciana; dícela cómo el Diablo engaña a aquellas niñas no recatadas. —No siás zopenca ve lo que a Juana le ha sucedió con Lucas Parra, ¡si son los hombres el mesmo Patas!— Dice la abuela a la muchacha.
Cesó el rosario, las viejas pasan... van por las calles cual sombras vagas... El Sol se oculta tras las montañas, y al fin la tarde lenta se apaga...
Los pajarillos en la enramada dan a la noche su serenata; los campesinos vanse a sus casas y satisfechos en toscas bancas cenan alegres queso de vaca y albas tortillas bien aliñadas.
Así concluyen, llenas de charlas, de nuestros campos las tardes plácidas, las bellas tardes que el Sol esmalta con sus pinceles de rosa y nácar.