Spanish poem
Las aves de la tarde
¿A dónde partís tan lejos, tristes aves de la tarde, que a los cansados reflejos del día que va a expirar, atravesáis en bandadas el firmamento sombrío, y atrayendo mis miradas, me hacéis de pena llorar? ¿Por qué en contemplaros hallo una dulzura secreta y agitan mi mente inquieta mil recuerdos en tropel? ¿Por qué de deseos vagos el corazón siento lleno, y estremecido, mi seno, gimo sin saber por qué? Cuando se pierde en las nubes vuestro plañidero canto, siento un misterioso encanto de placer y de dolor: ¿Por qué así vuestro gemido me entristece y me consuela? ¿Quién hace que así se duela y se alegre el corazón? Decid, ¿qué secreto instinto os mantuvo siempre errantes, siempre inquietas y anhelantes de otro mas bello lugar? ¿Nada amáis tal vez vosotras que detenga vuestro vuelo? ¿En el anchuroso suelo no tenéis patria ni hogar? En mi alma también existe un instinto misterioso que me tiene siempre ansioso de otro mundo, otra región: cual huracán prisionero, dentro del pecho se agita esta ansiedad infinita que me llena el corazón. Cuando en occidente muere, el sol en su lecho de ondas, y nuestros oídos hiere de la campana el clamor; cuando la noche se acerca con sus sombras silenciosas, y mil voces misteriosas forman un vago rumor; entonces yo me entristezco y gimo profundamente, y empiezan mi triste mente mil recuerdos a agitar, y mi alma intenta lanzarse hacia un bien desconocido cuyo instinto habrá nacido en otro mundo quizá. ¡Ah! yo soy tan desgraciado como el triste prisionero que, a su alta torre asomado, ve el suspirado país donde nació, dibujarse en la vasta lejanía, y mira el distante día en sus montañas morir. Sin cesar, do quiera pienso en ese lugar dichoso donde el ansiado reposo encontrar al fin podré. Este mundo no es mi patria; de esas nubes tras el velo está; mi patria es el cielo: ¡cuándo allá podré volver! Peregrinas del espacio, deteneos un momento: ¿no me oís? el raudo viento muy lejos os arrastró. Si escuchasteis mis gemidos, tristes aves plañideras, sed vosotras mensajeras de mis votos al Señor.
(1851)