Spanish poem
Al juez supremo
No arrancó la ambición las quejas hondas ni el orgullo inspiró los anatemas que atraviesan mis mórbidos poemas cual aves negras entre espigas blondas
Aunque la dicha terrenal me escondas, no a la voz de mis súplicas le temas, que ni lauros, ni honores, ni diademas turban de mi alma las dormidas ondas
Si algún día mi férvida plegaria ¡oh, Dios mío! en blasfemia convertida vuela a herir tus oídos paternales,
es que no siente mi alma solitaria, en medio de la estepa de la vida, el calor de las almas fraternales.