Spanish poem
De Murmurios de la selva
Dejó en Tesalia un cazador garrido, bajo al móvil sombra de un manzano, a su hijo, mientras va por monte y llano una perdiz siguiendo hasta su nido
Al volver, ¡oh dolor!, le ve ceñido por las espiras de dragón tirano; ¡era padre!, al carcaj llevó la mano, trémulo el brazo, el corazón transido
La flecha embebe al arco; y con tal arte la fuerza mide y el impulso pesa, que tan sólo al dragón, certero, hiere.
Así Dios el socorro nos imparte cuando nos mira del infierno presa; y vive el hombre y la serpiente muere.