Spanish poem
Dido a Eneas
Y ¡partes y me dejas enemigo! Y, por más que a tus plantas en un lago de lágrimas ardientes me deshago, ¡ablandar tus entrañas no consigo!
¡Oh de tanta merced inicuo pago! Aquí náufrago y prófugo y mendigo llegaste, ingrato, y yo partí contigo mi lecho y el imperio de Cartago
¡Ah! pues no basta a detenerte nada, permitan las deidades justicieras que, al presentarse al fin a tu mirada
de esa tu ansiada Italia las riberas, súbita tempestad hunda tu armada, y, como yo, desesperado mueras.
¿La misma ya no soy? Y porque ardiente negra viruela mancilló la rosa de mi mejilla y la nevada frente, ¿ya me huyes y desdeñas por esposa?
De tu injusta mudanza te arrepiente, no humillada me dejes y celosa; ven; y, aunque la verdad perdí aparente, ve que me queda aún un alma hermosa
Mas que vivir, si fuerza era perderte, de tu desdén objeto y de tu espanto, ¡Por qué mi horrible mal no me dio muerte!
Rogarás por mi paz al cielo santo, y te dolieras de mi triste suerte, y mi tumba regarás con tu llanto