Spanish poem
Los dolores de la Virgen – I
Apenas el lucero matutino, presentóse en la bóveda azulada, dejan José y María su morada llevando en brazos a Jesús divino.
Las flores que guarnecen el camino se yerguen para verlos de pasada, y Ellos siguen su marcha acelerada sin presentir los triste de su sino
¡Oh Templo de Sión! Yo te saludo con voz ferviente, de suspiros llena, y ante tus gradas me prosterno mudo;
que hoy en ti se consuma la alta escena en que, a la voz de Simeón, sacudo el primer eslabón de mi cadena