Versos Spanish Dolores Veintimilla Ante la tumba de doña Dolores Veintemilla de Galindo

Spanish poem

Ante la tumba de doña Dolores Veintemilla de Galindo

by (1829–1857)

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Ángel que -acaso- del Edén huyendo viniste de la tierra al triste valle; tú que dejando angélica compaña, solitaria en el mundo te encontraste...

¡Oh, cuánto habrás sufrido!... ¿Aquí, sonrisas habrá que aduerman el dolor de un ángel? ¡Un acento de amor!... ¿Pero en qué idioma, si nadie comprendía tu lenguaje?

De la música el Genio y la pintura, en sonrisa dulcísima, al crearte, ve que las musas, a tu tierno pecho, se lanzan amorosas a ocultarse.

¡Y ves la luz! y en celestial acorde, al deslizar los dedos en tu clave, nos das del cielo una armonía: acaso lento suspiro de proscrito arcángel.

En tu mano el pincel, rápido, firme de Eva nos pinta el edenial boscaje, en que inocente apareció: tú misma ¿testigo fuiste acaso de ese instante?

Tomas la lira y con seguro vuelo te remontas al cielo en tus cantares, grabas con ascuas tus sublimes «Quejas», suspiras cual alondra agonizante.

¡Y sordo el mundo que te cerca! y ciego el mundo vil que el asqueroso ultraje sufre riendo, que la ruin envidia lanza con la calumnia a tu semblante.

Mas, envidia y calumnia de unos hombres en el seno encarnadas: ¿tan vulgares son ingenio y belleza en tu almo sexo, que tu pecho en rasgar tanto se placen?

Tu lengua a nadie hiere; ruboroso huye tu numen de ofuscar a nadie; tu encanto es lo ideal, y de lo bello poner en nuestras manos lo impalpable.

Mas ¿qué hay sagrado para el vil? Su gloria fue herir tu corazón, pisotearle. ¡Y esos hombres!... malvados ¿y aun su tumba os atrevéis a escarnecer infames?

Los que de cerdos en inmunda piara son de lo torpe nauseabunda imagen, ¿osan del corro teologal la jerga con trompa ascosa balbucir audaces?

Ella, del alma en las regiones... ellos, hoscos gruñendo en viles lodazales; ella luz, ellos nieblas; ella un astro, ellos con cieno ansiando deslustrarle.

¡Y se eclipsó por fin! ¡Fiero heroísmo el de tu alma sin ventura, oh Ángel! Pero, más negro y asqueroso el triunfo de aquellos que extremaron tu coraje.

¡Y aún alientan la vida, y aún el nombre del sumo Dios embaban infernales! ¿Cómo a pedazos su blasfema lengua, cómo su pecho no devoran áspides?

Si la vida execrar tal vez es crimen en el hijo orgulloso de los Andes, que de Dios la sonrisa en su almo cielo contempla derramándose radiante.

¿Será virtud el bendecirla insanos de tanta sierpe en medio, que los aires con la ponzoña de su aliento impuro corrompen, envenenan detestables?

Pero infeliz, con descuajadas alas, ¿puede la alondra al cielo remontarse? ¡Del pecho desgarrado, en tu sepulcro, trémulo vierto lágrimas de sangre!

¿Hiciste bien?... ¡oh no, mísera Safo! Si de furor transidos, aun los ángeles llegan la luz a odiar, aquí en la tierra eras mujer al fin... ¡ay!, ¡y eras madre!...

¡Y qué horror, si a tu pecho, sollozando pega sus labios tu rosado infante vida buscando aún!... Mariposilla tras de flores y luz, sobre un cadáver.

¿Hiciste bien?... ¡ay, nunca! Enternecidos tus hermanos, los ángeles, al darte el ósculo de amor... lívidas, negras al ver las rosas de tu boca de ángel,

palidecieron... y sus bellos rostros inundaron de llanto inconsolable; y aun Dios, con su mirada bondadosa, por tu hijo te pregunta, por tu madre...

¿Sufrías? Mas, de hiel algunas gotas también nos brinda de la vida el cáliz. ¿Reina en la tierra el mal? Pero al hambriento aún podemos en pan, de gozo hartarle.

Mas, mi Dios es tu Dios. Él, que la fuente es de amor inexhausta, inagotable; si una gotilla te lavó esos labios... ¡duerme tranquila que tu Edén cobraste!