Spanish poem
XXXIII
¡Libertad! ¡libertad! No más resuena por todo el continente. Varela
Dadme la lira de oro ¡Oh Musas! Al ingenio reservada, y con plectro sonoro, y con trompa no usada, cantaré de mi patria los triunfos y la gloria celebrada.
Cantaré las cadenas y la oprobiosa y dura servidumbre, que con infandas penas rompió, y la muchedumbre hollada de tiranos, que la razón fuscaban y su lumbre.
De mayo los portentos escuchen las naciones admiradas, y a los ledos acentos, y a las voces sagradas, libertad y derechos, Treman del solio las soberbias gradas.
De mayo el sol parece, y en el Plata sus rayos reflejando los pechos enardece, súbito fecundando los gérmenes divinos, que al universo la natura ofrece:
Crecen y se derraman por todo el continente americano, y los pueblos se aclaman, libres ya, y el Indiano, sus cadenas hollando, se ostenta independiente y soberano.
Despareció del mundo el oprobio del hombre amancillado; el monstruo furibundo pereció conculcado, y de mayo la lumbre ha déspotas y tronos derribado.
¿Mas do la Musa mía, por entusiasmo, patrio enajenada vuela con osadía, y no oye la algarada, que en el foro se enciende; cual acorre la turba presurada?
Derrocaos a mi anhelo del espacio anchurosos valladares, cíñase el ancho suelo y los profundos mares; que hasta mi dulce patria mi vista enajenada extienda el vuelo.
¿Cómo cantar podría, en medio de los tronos degradados, los himnos de alegría en mi patria entonados, ni los sublimes votos de seres libres al Olimpo alzados?
Sin vuestro puro aliento, libertad sacrosanta, se enmudece la lira, y tremulento el canto se oscurece, con las densas tinieblas, que el trono aciago al pensamiento ofrece.
Mas ya rasgose el velo, que tu sublime rostro me ocultaba ¡Oh Patria! y desde el suelo, que el tosco Galo hollaba, tu gloria noble canto, y a tus sacros transportes me levanto.
Salud ¡oh sol fecundo en portentosos frutos! Salud, padre del mundo, que el germen infecundo del fanatismo y la opresión rompiste, y a la América diste libertad y derechos, y con tu inmensa lumbre los extendidos trechos del orbe iluminaste; que al Argentino tu fulgor prestaste.
En mayo venturoso el Argentino levantó radiosa su frente, y al instante sublimose del Indio el pensamiento, y triunfante y gloriosa la razón aparece, y la ominosa esclavitud perece.
Cantad, cantad ovantes de mayo el sol que asoma por la esfera; sus rayos centellantes, anuncian a la tierra de América el gran día, y del crudo tirano la agonía.
Sepúltase al abismo el soberbio dosel del ambicioso, confuso el despotismo, y con mortal desmayo, en los antros se oculta del reposo, cuando tu faz ostentas, ¡Oh hermoso sol de mayo! Enajenado acorre el Argentino, y en tu rostro divino ve trazados con letras inmortales de su triunfo y su gloria los anales.