Spanish poem
El Cíclope
by Federico Baráibar (1851–1918)
EL CÍCLOPE
DRAMA SATÍRICO DE EURÍPIDES
primera version del griego en castellano
por
D. Federico Baráibar.
EL CÍCLOPE
Personajes.
AL SR. D. MARCELINO MENENDEZ PELAYO,
catedrático
EN LA UNIVERSIDAD CENTRAL
En testimonio de amistad y gratitud, dedica este humilde trabajo
Feredico Baraibar.
Al llegar aquel sitio distinguimos Próxima al mar la entrada de una cueva Sombreada de laureles: sesteaban, Al pié de ella de cabras y de ovejas Rebaños numerosos; y alto muro De peñas enclavadas en la tierra, De gigantescos pinos y de encinas Ceñíala, formando vasta cerca.
Tomé un odre de dulce y negro vino Regalo de Maron, hijo de Evánteo, Sacerdote de Apolo, á cuya guarda, Ismaro se encomienda; yo y mis gentes Le habíamos piadosos defendido Y á sus hijos y esposa, que moraban En el espeso bosque consagrado Al vivífico Apolo. Ricos dones El en cambio nos dió: siete talentos De oro fino, una copa de maciza Plata, y de un vino puro, Süave y celestial ánforas doce Llenas hasta la boca: ningun siervo Ni esclava del palacio conocia Aquel dulce licor, sólo gustado Por Maron, y su esposa y mayordomo. Para beberlo en una copa echaban Una parte de vino y de agua veinte; Y perfume tan grato y delicioso Del vaso se exhalaba, que ninguno Resistiera á su encanto. Un odre henchido De este vino tomé, y un saco lleno De provisiones. . . . . . . . . . .
Si el dulce Liéo De mi se apodera, Se aduermen los tristes Cuidados y penas. Ya pienso de Creso Tener las riquezas,
Y entonar ansío Mil cantigas tiernas; Corono mi frente De pomposas yedras, Y lo huello todo Con planta soberbia. Que corra á las armas Quién quiera peleas, Yo corro á las copas Del bermejo néctar. Trae vino muchacho, Mejor es me tienda Beodo en el suelo Que muerto en la guerra.
Era un monte de miembros eminente Este que, de Neptuno hijo fiero, De un ojo ilustra el orbe de su frente Émulo casi del mayor lucero.
El rostro y frente en quien un ojo solo Imita al cielo miéntras duerme Apolo.
Horrendo monstruo en nada semejante Al mortal que de trigo se alimenta, Y si á la abrupta cumbre de selvosa Montaña inaccesible, que descuella Sobre las otras.
Ipse arduus; altaque pulsat Sidera. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Pero de todos estos (Los Cíclopes) apartado Vive en un alto monte Polifemo, Que mirándole no he determinado Cual es el monte y de mirarle temo: Que puesto que se ve proporcionado, La frente mide con su verde extremo; Tanto que el monte de árboles se vale Sobre las peñas por que no le iguale Pero, por más que crezca, al fin le excede, Y es tal la pesadumbre de su exceso, Que se queja la mar de que no puede Dos montes sustentar de tanto peso. . . . . . .
Vidi egomet, duo de numero cum corpora nostro Prensa manu magna, medio resupinus in antro: Frangeret ad saxum, sanieque aspersa natarent Limina.
Telemus Eurimedes, quem nulla fefellerat ales: Terribilem Poliphemon adit: «Lumenque, quod unum Fronte geris media; rapiet tibi dixit, Ulixes,
De una mina de mármoles previene Un gran peñasco, y tan feroz le arroja Que la cara del Sol retira y moja.