Spanish poem
La derrota de los pedantes
El dia diez y siete del corriente, Á cosa de las nueve ó nueve y cuarto De la mañana, se juntaron todos Los señores que estaban convidados. Y como era preciso, cada uno Llevó á la fiesta su mejor caballo; De manera que cosa mas lucida
Ni se ha visto jamas ni se ha pensado. Todos ibau de gala, como digo, Con vestidos muy ricos, bien cortados, Los mas con bordadura, y los restantes Á cada cual mejor (si no me engaño.) Pues como llevo dicho, se dispuso La cabalgata, y luego muy despacio Cogieron y se fueron á la villa, Segun estaba ya determinado. Y al llegar á la puerta....
Reverberante Numen, que del Istro Al Marañon sublimas con tu zurda,
Al que en ritmo dulcísono te urda Elogio al son del címbalo y del sistro: Si la aligera prole de Caistro Blandos ministra acentos á mi burda Harmónica pasion, ¡ay! no te aturda Ver rompo de tu tímpano el teristro. La nubigena Dea en alto plaustro, Ungiendo el nervio de oloroso electro, Me lleva en alas del Ouest y el Austro. Y hurtando á las Memnósides el plectro, Hoy me intromito en el fulgente claustro, Obstupefacto, á venerar tu espectro.
Dios rutilante, que del Ebro al Istro Proteges, honras al que versos urda,
Rauca mi lira atiende tosca y burda, Simi no mucho á resonante sistro. Que si tal vez alado el de Caistro Pájaro dulce en la ribera zurda, Hace canoro que fugaz aturda Su voz, rompiendo el diáfano teristro; No ya disimil yo, si el Indio electro Prestarme gustas, que veloz al Austro Sones encarga de curvado plectro, Métricos mucho al eminente claustro Llevaré ritmos ¡oh divino espectro! Que el zenit giras en ebúrneo plaustro.