Spanish poem
Suicidio
El jovencito se olvidaba. Eran las diez de la mañana.
Su corazón se iba llenando de alas rotas y flores de trapo.
Notó que ya no le quedaba en la boca más que una palabra.
Y al quitarse los guantes, caía, de sus manos, suave ceniza.
Por el balcón se veía una torre. El se sintió balcón y torre.
Vio, sin duda, cómo le miraba el reloj detenido en su caja.
Vio su sombra tendida y quieta en el blanco diván de seda.
Y el joven rígido, geométrico, con un hacha rompió el espejo.
Al romperlo, un gran chorro de sombra inundó la quimérica alcoba.