Spanish poem
El huerto de mi amada
by Felipe Pinglo Alva (1899–1936)
Si pasas por la vera del huerto de mi amada al expandir la vista hacia el fondo verás un florestal que pone tonos primaverales en la quietud amable que los arbustos dan. Allí es donde he dejado lo mejor de mi vida allí mis juramentos vagando han de flotar, porque ese ha sido el nido de amargos sufrimientos y allí la infame supo de mi amor renegar.
Quien quiera con el alma, el corazón, no mande, quien busque amores que deje de soñar el corazón y el alma son dos fuerzas humanas que emprenden una senda para no regresar. Sus afectos son leyes que gobiernan y mandan labrando así la dicha como también el mal y reciben y cumplen las voces del destino que tan pronto nos ríe o nos hace llorar.
No sé por qué recuerdo con algo de tristeza las hieles que el destino me supo deparar y el afecto mentido de quien yo idolatraba ha convertido en odio mi férvido adorar. No sé por qué me apena hablar de aquellos días Que el engaño me atrajo en forma de mujer no sé si es algo bello vivir de desengaños porque es más halagüeño reírse del querer.