Spanish poem
La oración del labriego
by Felipe Pinglo Alva (1899–1936)
Es ya de madrugada, el labriego despierta al entreabrir sus ojos luz del alba ve entonces presuroso saliendo de su lecho musita esta plegaria lleno de amor y fe.
«Señor, tu que has creado las aguas de los ríos y a los prados permites el verdor que se ve no niegues al labriego el divino rocío que con cada caída alegra nuestro ser; la campiña que luce hermosos atributos por ti florece siempre cual ameno verjel pero si tu nos niegas, agua, sol y rocío morirán los labriegos de inanición y sed.»
Después de la jornada, la lampa sobre el hombro al ponerse la tarde retorna el labrador y mientras que tranquea de vuelta a la cabaña cantando el pensamiento, modula esta canción:
«La ansiada primavera que exalta los amores te debe la pureza de todo su arrebol y el concierto admirable de pajaros y flores por obra de tu gracia ostentan su primor.»
En medio de este encanto que alegra corazones el labriego es el guarda de tan rico joyel como guardian te pido que con tu omnipotencia multipliques los frutos que cosechar podré.