Versos Spanish Félix Samaniego El Elefante, el Toro, el Asno y los demás animales

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El Elefante, el Toro, el Asno y los demás animales

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Los mansos y los fieros animales, Á que se remediasen ciertos males, Desde los bosques llegan, Y en la rasa campaña se congregan. Desde la más pelada y alta roca Un Asno trompetero los convoca. El concurso ya junto, Instruído también en el asunto, (Pues á todos por Júpiter previno Con cédula ante diem el Pollino) Imponiendo silencio el Elefante, Así dijo:—Señores, es constante En todo el vasto mundo Que yo soy en lo fuerte sin segundo: Los árboles arranco con la mano, Venzo al León, y es llano Que un golpe de mi cuerpo en la muralla Abre sin duda brecha. Á la batalla Llevo todo un castillo guarnecido; En la paz y en la guerra soy tenido Por un bruto invencible, No sólo por mi fuerza irresistible, Por mi gordo coleto y grave masa, Que hace temblar la tierra donde pasa. Mas, señores, con todo lo que cuento, Sólo de vegetales me alimento; Y como á nadie daño, soy querido, Mucho más respetado que temido. Aprended pues de mí, crueles fieras, Las que hacéis profesión de carniceras, Y no hagáis, por comer, atroces muertes, Puesto que no seréis ni menos fuertes, Ni menos respetadas, Sino muy estimadas De grandes y pequeños animales, Viviendo como yo de vegetales.— Gran pensamiento, dicen, gran discurso; Y nadie se le opone del concurso. Habló después un Toro de Jarama: Escarba el polvo, cabecea, brama. —Vengan, dice, los Lobos y los Osos, Si son tan poderosos, Y en el circo verán con qué donaire Les haré que volteen por el aire. ¡Qué! ¿son menos gallardos y valientes Mis cuernos que sus garras y sus dientes? Pues ¿por qué los villanos carniceros Han de comer mis Vacas y Terneros? Y si no se contentan Con las hojas y hierbas que alimentan En los bosques y prados Á los más generosos y esforzados, Que muerdan de mis cuernos al instante, Ó si no de la trompa al Elefante.— La asamblea aprobó cuanto decía El Toro con razón y valentía. Seguíase á los dos en el asiento, Por falta de buen orden, el Jumento, Y con rubor expuso sus razones. —Los Milanos, prorrumpe, y los Halcones (No ofendo á los presentes, ni quisiera), Sin esperar tampoco á que me muera, Hallan para sus uñas y su pico Estuche entre los lomos del Borrico. Ellos querrán ahora, como bobos, Comer la hierba los señores Lobos. Nada menos: aprendan los malditos De las Chochaperdices ó Chorlitos, Que, sin hacer á los Jumentos guerra, Envainan sus picotes en la tierra: Y viva todo el mundo santamente, Sin picar ni morder en lo viviente.— —¡Necedad, disparate, impertinencia! Gritaba aquí y allí la concurrencia: ¡Haya silencio, claman, haya modo! Alborótase todo: Crece la confusión, la grita crece; Por más que el Elefante se enfurece, Se deshizo en desorden la asamblea. Á Dios, gran pensamiento: á Dios idea. —Señores animales, yo pregunto, ¿Habló el asno tan mal en el asunto? ¿Discurrieron tal vez con más acierto El Elefante y Toro? No por cierto. ¿Pues por qué solamente al buen Pollino Le gritan:—Disparate, desatino?— Porque nadie en razones se paraba, Sino en la calidad de quien hablaba. —Pues, amigo Elefante, no te asombres: Por la misma razón entre los hombres Se desprecia una idea ventajosa. ¡Qué preocupación tan peligrosa!