Versos Spanish Félix Samaniego Ridículo Retrato De Un Ridículo Señor, En Estas Décimas

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Ridículo Retrato De Un Ridículo Señor, En Estas Décimas

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Ahí va, que quieras o no, mi retrato, y claro está que no lo conocerá la madre que lo parió: está más feo que yo, más raro, más singular, y, si gustas de mirar su figura atentamente, aprende primeramente a signar y a santiguar. Según probable opinión, soy en el ingenio zorra, en parlería cotorra, en el tamaño gorrión, y en la viveza ratón; y, aunque de todo blasone, siempre en duda se me pone qué especie de cosa soy, y por esta duda, estoy casado sub conditione. Mi cara, si se examina, verá el curioso en un año que es parte del Gran Tacaño, anuncio de hambre canina; ni bien es cara ni esquina, sólo sí es cosa tan rara que a todo el que la repara a tal risa le provoca, que para tomarla en boca no sé cómo tengo cara. Si con maña menos cuerda mis cabellos has mirado, creerás por mal de mi hado que soy animal de cerda. No receles que se pierda tu gusto, si gustas de ellos; son fuertes, aunque no bellos, y así tu vida estuviera más segura, si pendiera de alguno de mis cabellos. Lóbrega, oscura y fatal forma tal noche mi frente, que a tientas tan solamente encuentro el por la señal. Es ella tan fea y tal 45 que me inquieta, que me irrita: negra, arrugada, chiquita, siempre de mal en peor, sin poderla hacer mejor a fuerza de agua bendita. Permíteme que me queje que, siendo mis ojos bellos, no gustas, Marica, de ellos, por más que yo me desceje; son de mi hermosura el eje, son de Cupido dos grillos, y son dos medios anillos de brillantes, cual se ve, mas nada sirve, porque nadie repara en pelillos. Mas de cuatro barbirrojos me dicen que son de ver mis ojos y me hacen creer que son los míos tus ojos si te causasen antojos y tú mis ojos deseas. Cállalo porque aunque creas hasta los ojos sacarme si así piensas engañarme antes ciega que tal veas. Mis narices son mejores que las echizas de palo, y si algo tienen de malo es el meterse a mayores. Mi cara con mil colores se avergüenza en su presencia, y huye con tal resistencia que la deja sin cimientos; mas como soplen los vientos, no es obra de permanencia. Mi boca es buena y así no digo más; punto en boca, que a mi boca no le toca el decir bienes de sí. Mírala muy bien, y di sus elogios al instante de que no hay a quien no encante por lo pulida y graciosa, pues no le falta otra cosa sino un dedo por delante. Mis negras barbas infiero qué tales que serán ellas, que sólo por no tenellas estoy pagando dinero; mas me consuela un barbero que se llama Juan Antonio, asegurando el bolonio que ellas dicen que soy hombre; mas por vida de mi nombre, que es un falso testimonio. Mi cuerpo por todas caras pigmea talla promete; y por eso no se mete en camisa de once varas. De esta falta que reparas bien se supo aprovechar mi mujer que, por ahorrar, cuando murió don Canuto me hizo un vestido de luto del tafetán de un lunar. Decentes mis pies están en todo tiempo aliñados; pues descalzos o calzados son siempre de cordobán; los puntos que calzarán considera por tu vida, pues, por cosa reducida y de tan poco aparato, la horma de mi zapato es el pie de la medida. Soy, Marica, cimentado en piernas de un hueso seco, que me llaman carnicero y por tu [...] lavado sería de carne o pescado. Tanta y tal es mi carencia que segura de conciencia en cuaresma comerías una pierna de las mías sin quebrantar la abstinencia.