Versos Spanish Fernán Caballero Capítulo X

Spanish poem

Capítulo X

by (1796–1877)

Listen in the reader

Estando un caballerito En la isla de León, se enamoró de una dama y ella le correspondió. Que con el aretín, que con el aretón.

-Señor, quédese una noche, quédese una noche o dos, que mi marido está fuera por esos montes de Dios. Que con el aretín, que con el aretón.

Estándola enamorando, el marido que llegó: -Ábreme la puerta, cielo, ábreme la puerta, sol. Que con el aretín, que con el aretón.

Ha bajado la escalera quebradita de color. -¿Has tenido calentura? ¿O has tenido nuevo amor? Que con el aretín, que con el aretón.

-Ni he tenido calentura ni he tenido nuevo amor. Me se ha perdido la llave de tu rico tocador. Que con el aretín, que con el aretón.

-Si las tuyas son de acero, de oro las tengo yo. ¿De quién es aquel caballo que en la cuadra relinchó? Que con el aretín, que con el aretón.

-Tuyo, tuyo, dueño mío, que mi padre lo mandó, porque vayas a la boda de mi hermana la mayor. Que con el aretín, que con el aretón.

-Viva tu padre mil años, que caballos tengo yo. ¿De quién es aquel trabuco que en aquel clavo colgó? Que con el aretín, que con el aretón.

-Tuyo, tuyo, dueño mío, que mi padre lo mandó, para llevarte a la boda de mi hermana la mayor. Que con el aretín, que con el aretón.

-Viva tu padre mil años, que trabucos tengo yo. ¿Quién ha sido el atrevido que en mi casa se acostó? Que con el aretín, que con el aretón.

-Es una hermanita mía, que mi padre la mandó para llevarme a la boda de mi hermana la mayor. Que con el aretín, que con el aretón.

La ha agarrado de la mano, al padre se la llevó: toma allá, padre, tu hija, que me ha jugado traición. Que con el aretín, que con el aretón.

-Llévatela tú, mi yerno, que la iglesia te la dio; la ha agarrado de la mano, al campo se la llevó. Que con el aretín, que con el aretón.

Le tiró tres puñaladas y allí muerta la dejó, la dama murió a la una, y el galán murió a las dos. Que con el aretín, que con el aretón.

¡Vale más lo moreno de mi morena, que toda la blancura de una azucena!

Niña, cuando vas a misa, la iglesia se resplandece. La hierba seca que pisas, al verte, se reverdece.

Asómate a esa ventana, esos bellos ojos abre; nos alumbrarás con ellos, porque está oscura la calle.