Spanish poem
Capítulo XIV
by Fernán Caballero (1796–1877)
Eres blanca como el cuervo, y bonita como el hambre, coloráa como la cera, y gorda como el alambre.
Tienes la boca, que parece un canasto de colar ropa. Con unos dientes, que parecen zarcillos de tres pendientes.
Para bien a la novia le rindo y traigo. Pero al novio no puedo, sino envidiarlo.
Por el sí que dio la niña a la entrada de la iglesia, por el sí que dio la niña, entró libre, y salió presa.
Mira, hombre, lo que haces casándote con bonita; hasta que llegues a viejo, el susto no te se quita.
Ven acá, quita-pesares, alivio de mi congoja; criado entre verde hoja, y pisado en los lagares; te pido de que me aclares esta garganta y galillo para brindar a los novios empinando este vasillo.
Cuando la novia va a misa y yo la llego a encontrar, toda mi dicha es besar la dura tierra que pisa.
Tú me diste calabazas, me las comí con tomates; mas bien quiero calabazas que no entrar en tu linaje.
Mi mujer y mi caballo, se me murieron a un tiempo. ¡Qué mujer ni qué demonio! Mi caballo es lo que siento.
Más fácil es apagarle sus rayos al sol que abrasa, que atajarle la sin hueso a una mujer enojada.
No sirve el halago, ni tampoco el palo, ni sirve ser bueno, ni sirve ser malo.