Versos Spanish Francisco de Paula Martínez de la Rosa y Berdejo Era Una Tarde De Agosto

Spanish poem

Era Una Tarde De Agosto

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Era una tarde de agosto, Y ya el sol se iba escondiendo, La alta cumbre de los Alpes Dorando con sus reflejos, Cuando a un valle no lejano Bajé por agrio recuesto, Triste y angustiada el alma, Débil y rendido el cuerpo... El sitio agreste, sombrío, La soledad, el silencio, El rumor de una cascada Que resonaba a lo lejos, En apacible tristeza Mis pesares convirtieron; Sentí más leve mi planta Y más tranquilo mi pecho. El ánimo embebecido Vagaba en mil pensamientos, Y libre el pie por el valle Giraba con rumbo incierto, Cuando sin yo apercibirlo Me vi cercado de un pueblo, Con sus rústicos hogares En la llanura dispersos; Por lo humilde y por lo pobre, Por lo escondido y secreto, Resguardado de los vicios, Defendido de los vientos. «Felices (clamé) mil veces Los que a la suerte debieron Nacer en este recinto, Y morir donde nacieron! Su patria su mismo hogar, Estos montes su universo, Su mar el vecino lago, Y su tesoro su apero: Jamás oyeron el nombre De señores ni de siervos, Ni la ambición ni la envidia Turbaron nunca su sueño: Contentos los halla el alba; El sol los deja contentos; Y corre su mansa vida Como este manso arroyuelo...» Al pronunciar estas voces, Me hallé a las puertas de un templo, Sencillo cual las costumbres De aquel inocente pueblo; No de mármoles labrado Ostentaba el pavimento, De bronce y jaspe los muros, Ni la techumbre de cedro; Pero en su pobre recinto El ánimo más sereno De la tierra se alejaba, Y remontábase al cielo. En el quicio me detuve, Lleno de santo respeto; Que hasta pavor me infundía De mis pisadas el eco... Mas al fin osé internarme, Y vi un sepulcro entreabierto, Por una mano piadosa Cavado en el mismo suelo: La piedra rota en pedazos, Como en el dia tremendo En que al son de la trompeta La tierra abrirá sus senos; Y alzándose de la tumba De hermosa matrona el cuerpo; Que al dar la vida a su hijo, Ambos al par la perdieron. La infeliz madre parece Temer de la losa el peso, Y su mano la sustenta Resguardando al niño tierno: Que es madre bien se conoce En el cuidado y afecto Con que le eleva en sus brazos, Y humilde le ofrece al cielo: «Tú, Dios mío, me le diste; A ti, mi Dios, lo devuelvo; Y el hijo de mis entrañas Gozoso vuela a tu seno!...» El inocente se muestra Alegre el rostro y risueño, Y por su madre parece Interceder con su ruego; En tanto que ella sumisa De Dios aguarda el decreto, Y el iris de la esperanza Le brinda paz y consuelo. Inmóvil y silencioso Permanecí largo trecho, Cual si inquietarlos temiese Con el soplo de mi aliento: Vivos a entrambos veía, Escuchaba sus acentos, Y de terror religioso Sentí embargados mis miembros... Mas las sombras de la noche Iban tan densas creciendo, Que apenas ya consentían Ni distinguir los objetos: La madre y el tierno niño En breve desparecieron; Y al borde yo del sepulcro, La vista fija en su centro, De la eternidad creía Estar pisando el lindero.