Spanish poem
Sobre la inconstancia
Claro y tranquilo el mar me conducía a que surcara su profundo seno, y apena entré, cuando el color sereno huyó de Bóreas con la saña fría.
Crespos montes de humor al cielo vía subir, y el mar, de oscura sombra lleno, cambiar varios semblantes, y el terreno asiento entre las olas parecía.
Entonce, ay, ¡oh mezquino!, un mortal hielo me cubría, y el hueco leño roto luchaba con las aguas fatigado.
En tanto afán, con voz ya incierta al cielo moví a piedad; libróme, e hice voto de fiar nunca en ponto sosegado.