Spanish poem
Plegaria
by Francisco Javier Salazar Arboleda (1821–1891)
Si he de seguir en este ingrato suelo de amargura y dolor, rasga de lo alto el azulado velo, ¡por compasión, Señor!
Véala yo en el cielo, ángel o estrella, vaga o radiante luz, nubecilla, arrebol, paloma bella anidada en tu cruz.
La hiciste una mañana esposa mía, y gracias yo te di, y no expiraba el comenzado día cuando ya no la vi.
Fui dichoso un instante, y luego, triste, lloro el perdido bien; en espinas el mirto convertiste que ceñía mi sien.
Siempre a mis ojos el diamante brilla de su anillo nupcial; mas ¿dónde está su mano sin mancilla, su mano sin rival?
Mano que de mis labios desprendía el cáliz del dolor, y en copa de oro ansiosa me vertía felicidad y amor.
¡Ah! ¿dónde está la mano milagrosa que daba la salud a quien yacía en soledad luctuosa junto al negro ataúd?
¿Dónde el talle gentil, el rostro bello que mi alma cautivó? ¿Dónde el dorado undívago cabello que Venus envidió?
¡Ay! todo se ha acabado, amor, contento, felicidad de ayer; ellos pasaron como raudo viento para no más volver.
Me estremece del día el gran bullicio, espanto me da el sol; es de la tarde para mí un suplicio el plácido arrebol.
Sólo la noche de estrellado manto alivio a mi alma da; porque a su sombra suelto libre el llanto que contenido está...
Al fin, Señor, me oíste; humilde y bella pidiendo está por mí; no es nube, ni arrebol, ángel ni estrella ni lindo colibrí,
es la hermosa virtud recompensada, el amor celestial; la heroïca virtud por Vos premiada, la paz angelical.
Y yo, el polvo amasado con el lloro, el pobre pecador, ¡ay! no era digno de ese gran tesoro de santidad y amor!