Versos Spanish Francisco Javier Salazar Arboleda Resolución

Spanish poem

Resolución

by (1821–1891)

Listen in the reader

Déjame, pensamiento, déjame por piedad un solo instante; no apures el tormento de las penas sin cuento, que el corazón me agitan delirante.

Bien sé que condenado estoy a recorrer la triste vía que el dolor me ha trazado; bien sé que no me es dado arrancar de mi pecho la agonía.

No se para el torrente al descender del monte a la pradera, ni el ciervo que se siente herido por el diente del hambriento mastín, en la carrera;

gimen atormentadas las olas de la mar y gime el viento que allá, en las enlutadas cumbres desmoronadas, junto a la tempestad tiene un asiento;

y gimen noche y día las linfas del humilde riachuelo en la floresta umbría, do la melancolía sonríe en medio de su amargo duelo;

si tanto el pesar dura, la dicha es cual meteoro deslumbrante que por la noche oscura con viva luz fulgura, y vuelve a las tinieblas al instante.

Es el placer risueño la ilusión del dolor, cuando delira en los brazos del sueño, y su dulce beleño sólo es la realidad de una mentira.

A las vistosas flores Dios no otorgó el dejar de marchitarse, y el iris sus colores, y el alba sus fulgores ven brillar un momento, y disiparse.

Y la apacible aurora por el ardiente sol es consumida, y las nubes que dora su luz encantadora, disípanse en la atmósfera encendida.

La virgen inocente que su divino rostro absorta mira de la límpida fuente en la faz transparente, y saltando de gozo se retira,

pronto verá eclipsado el suave resplandor de su hermosura, y su cuerpo encorvado, de males fatigado, al borde de la fría sepultura.

Mas, al fin, un consuelo es la ilusión radiante y fugitiva; ella esparce en su vuelo mil flores por el suelo, y aún al dolor engaña y le cautiva.

Su néctar delicioso en la mecida cuna al niño embriaga, y al joven vigoroso y al anciano achacoso con risueñas visiones siempre halaga.

¿Y qué no es en la vida fantástica ilusión, grata quimera? Lo es la mujer querida, la gloria apetecida y la suerte feliz y lisonjera.

Ven, ilusión amada, cubre mis ojos con tu hermoso velo; ven, ven, idolatrada, a esta alma acongojada por el soplo infernal del desconsuelo.

¡Mas ay! mi ruego es vano; la ilusión al dolor el campo cede, y él con su férrea mano me atormenta inhumano, y a la crueldad en el sarcasmo excede.

Así las sonrosadas plácidas nubes de una tarde hermosa en tinieblas trocadas, vuelan desparramadas por la adusta tormenta estrepitosa.

Dolor, a ti me entrego; tuyo es mi corazón y tuya mi alma; no descenderé al ruego pidiéndote sosiego, sino del mártir la gloriosa palma.

También algunas flores en tu convulso seno siempre anidan, y sus suaves olores y variados colores a la sonrisa del placer convidan.

Tu expresión, bosquejada en rostro varonil, más lo ennoblece; la mujer angustiada, llorosa, desolada, con tus sombras, dolor, más se embellece.

Dolor, yo te bendigo; no me arredran la angustia y la tortura que siempre van contigo; desde hoy te llamo amigo y en tu cáliz de hiel libo dulzura.

Placer, no te deseo, porque del vicio el campo fertilizas con sin igual recreo, y en tus dominios veo sombras, espectros, destrucción, cenizas.