Versos Spanish Gaspar Núñez de Arce Dorando La Alta Cumbre

Spanish poem

Dorando La Alta Cumbre

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Dorando la alta cumbre la ansiada aurora llega, y ante la viva lumbre que el ancho espacio anega, cobarde se repliega la densa obscuridad. Ya baña el horizonte la luz que Dios envía: ya mar, y valle y monte colora el nuevo día. Ya todo es alegría. ¡Poetas, despertad! La paz tiende su manto desde el Pirene a Gades: alzad el himno santo en campos y en ciudades, y admire a las edades vuestro inmortal clamor. Ascienda en raudo vuelo la voz de la alabanza; como cóndor que al cielo intrépido se lanza. Cantad a la esperanza: yo cantaré al dolor.

No es que al deber ajeno desdeñe la ventura que de tu herido seno las penas templa y cura. Alma tan seca y dura no alienta ¡oh Patria! en mí. Acaso al ver hollada tu majestad suprema, ¿no fue mi lira espada? mi voz ¿no fue anatema? Aún mis mejillas quema el llanto que vertí. ¿Soy el poeta, acaso, de las felices horas, que calla en el ocaso y canta en las auroras? ¿No estalla, cuando lloras, mi ardiente indignación? Pero hoy que conseguiste cobrar el bien perdido, y espléndida, aunque triste, la paz ha renacido, canto al dolor, que ha sido, tu santa redención.

Enigma de la Historia y escándalo del mundo, de tu pasada gloria so el árbol infecundo, yacías en profundo letargo secular. Del fanatismo esclava, en noche eterna y fría, tan sólo iluminaba tu mísera agonía, la lámpara que ardía delante del altar.

Perdida en tu camino y a obscuras tu conciencia, el arte sin destino, sin libertad la ciencia, tu antigua omnipotencia no renació jamás. Pirámide ostentosa alzada en el desierto, do incógnita reposa la vanidad de un muerto, ¡oh Patria! tu famosa grandeza era no más. Llamando con su espada de súbito a tu puerta, gritó la inesperada catástrofe: —¡Despierta!— y el águila su abierta garra en tu pecho hincó. ¡Oh asombro! Bajo el fiero dolor de la ancha herida tus músculos de acero. cobraron nueva vida: rugiste enfurecida y el águila tembló.

Perdona si la austera verdad acato y digo: dolor que regenera es premio y no castigo. Confieso que contigo inexorable fue. Cuando te vio a la falda del monte soñolienta, tendió sobre tu espalda su azote y la tormenta: te exasperó la afrenta, y te pusiste en pie.

Ardieron tus hogares, y con mortal quebranto corrió la sangre a mares mezclada con tu llanto. ¡Cuánto sufriste, y cuánto duró tu adversidad! Pero pasó el torrente, el sol doró tus ruinas, y excelsa, refulgente, aunque ciñendo espinas, apareció en Oriente tu augusta libertad.

¡Ah! Desde entonces luchas con la traidora hiena, y su rugido escuchas impávida y serena. Tres veces en la arena domaste su furor. Cuando tus ansias cesen, y en tiempos más felices honrados hijos besen tus santas cicatrices, verás como bendices los frutos del dolor.

Él con potente mano labra, organiza y crea cuando en el yunque humano con hondo afán golpea para forjar la idea que es vida, es verbo, es luz. Los que dichosos duermen no sueñan con el cielo: siempre el dolor fue germen de algún gigante anhelo, y Dios, bajando al suelo, le consagró en la Cruz.