Spanish poem
Una Visita
by Gregorio Gutiérrez González
Beso sus pies, mi señora. —Servir a usted, caballero. Siéntese usted. —Muchas gracias. —Parece que está molesto; Tome el sofá. —No, señora, Estoy aquí bien, aprecio. —Es que suele el taburete Ser muy incómodo asiento. —No, mi señora, estoy bien Donde quiera que me encuentro. ¿No tiene usted novedad? —No, señor, gracias. —Celebro: ¿Y el señor don Luis? —Salió A la calle ha poco tiempo, Sin novedad. —¿Y el chiquito? —Gracias, señor, está bueno. ¡Es tan gracioso! ¡si viera!... ¡Tan lindo, que es un portento! Josefa, trae a Lisandro A que le hable a don Anselmo. (Y no responde) ¡Josefa! ¡Josefa! (¡si se habrá muerto!) ¿Pues ve usted? Si las criadas Sólo sirven de tormento... —Sí, señora, y es difícil Encontrar una entre ciento. —Permítame usted, señor, Que dentro de poco vuelvo. Quizá será que Lisandro Todavía esté durmiendo. —No vaya usted, mi señora, A despertarle. —No; creo Que está en el jardín jugando Le traigo en este momento. Dispense usted que le haya Dejado solo. —Yo siento Haber a usted molestado... —No es molestia, don Anselmo. Aquí le traigo a Lisandro, Va usted a ver su despejo. ¡Jesús! ¡qué ropa tan sucia! ¡Parece sepulturero! Venga, le ato la camisa, Que tiene suelto ese cuello; No le paran los botones, Pues los arranca al momento; Nada le dura... Es preciso Hacerle ropa de cuero. Arrímese, Lisandrito, ¿No saluda a don Anselmo? No sea tonto... —Venga acá... ¿No me saluda? —No quero, —¡Ja ja ja ja! ¡qué gracioso! Mírele usted... ¿no es muy bello? —Sí, señora, y no desmiente Que usted lo llevó en su seno. Lisandro, ¿no me conoce? Venga acá. —¡Qué majadero! No le doy una cosita Si no le habla a don Anselmo. Si usted le viera, señor, Cuando está solo; ¡qué juegos! ¡Qué gracias dice! ¡no cesa De hablar y decir portentos! Le viera usted remedar A cuantos pasan; ¡al perro Lo imita tan bien!... Lisandro, ¿Cómo hace Turco? —No quero. —¿Así se dice á mamá? ¿Qué dirá este caballero? Que es bobo; no, pero el niño Sí me obedece, ¿no es cierto? Remede a Turco, mi hijito, Y esta tarde va a paseo. ¿Cómo hace? ¿a ver? —Guá, guá, guá. —¡Qué bien lo hace! deme un beso. —La fábula diga ahora Que aprendió en Samaniego. —¿Y sabe leer el chiquito? —No, señor, ya va aprendiendo Con una facilidad... Casi todo el alfabeto Lo sabe, y apenas hace Unos seis meses y medio Qpe empezó a aprender, pues tiene Un admirable talento. —Sí, señora, y lo demuestra Lo que ha aprendido tan presto. —Sí, señor, para su edad Son seis meses poco tiempo... —¿Y qué edad tiene? —Siete años Ha de cumplir en febrero, Y así tan niño se aprende Cualquier cosa en un momento. Diga, pues, la fabulita; Deje el gato; estese quieto: ¡A ver! con formalidad; Lisandro, no sea travieso. La de la Zorra y el Busto, Que estudió con tanto empeño. —La Zorra le dijo al Busto Cuando lo olió... —¡Bueno! ¡bueno! Siga... ¿a ver?... ¡ya no se acuerda! —Bonito pero sin seso. —¡Muy bien; muy bien! Lisandrito Deme un abrazo, mi cielo. ¿No dijo con mucha gracia La fábula, don Anselmo? —Sí, mi señora, muy bien; Habla con mucho despejo. —¡Y hasta oído de poeta Va sacando el bribonzuelo! —Sí, señora, pues recita Con mucha gracia los versos. —Sí ¡esto es una maravilla! ¿No es cierto, mi hijo? ¿no es cierto Que en usted tengo un tesoro? ¿No es cierto que vale un reino? Don Anselmo, le aseguro Que saben en estos tiempos Tantas cosas los muchachos Que se hace dudoso creerlo; Por esta razón yo juzgo Que aprendidos nacen. —¡Cierto! Dice usted muy bien, y sabe Mas un muchacho que un viejo. Mi señora, hasta otro rato. —¿Por qué tan pronto? yo espero Que no se vuelva a perder Otra vez por tanto tiempo. —Sí, señora, y más despacio Volveré... Mucho celebro Que se halle sin novedad. —Hasta después, don Anselmo. Y así salió renegando Este pobre caballero, Harto ya de necedades De la madre y del chicuelo. Al verse libre en la calle Alzó las manos al cielo, Dándole gracias a Dios Que en libertad le ha puesto; Pero lleno de basura Y ajado vio su sombrero; Se halló con bastón sin borlas, Y con un guante de menos; Manchados los pantalones, Sucios casaca y chaleco, Y hasta entonces conoció De Lisandrito el portento.
quero,
quero.
Guá, guá, guá.
La Zorra le dijo al Busto
Cuando lo olió...
Bonito pero sin seso.