Versos Spanish Guillermo Valencia Muy Negras Son Tus Canas

Spanish poem

Muy Negras Son Tus Canas

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Muy negras son tus canas, ¡oh Trágico sombrío! y muy dulce morir antes que llegue la trémula vejez envuelta en frío. ¿A qué seguir con taciturno paso de camellos?... Dormid al pie del Monte para no ver manchado el horizonte con el ávida sombra del Ocaso... En las cruces nudosas agonizan los mártires; el brillo roba el dolor a sus hinchados ojos, que miran a los ámbitos desiertos con la turbia fijeza de los muertos. Fueles la tierra dolorosa: en haces brotó para sus sienes rama indócil de puntas erizadas; clavos fríos que los frágiles huesos taladraron; para su cáliz, de amargura lleno, la Vida —inmensa flor— sudó veneno. En las cruces nudosas se retuercen las víctimas, tocadas de martirio las testas luminosas por lívidos perfiles coronadas. Lánguidamente en hilos tembladores tibia la sangre por su faz chorrea y humedece los párpados, gotea sobre la barba que en rojizos grumos, cunl en bronce tallada, se obscurece. Y de sus cráneos la soberbia roca no bate ya, con las frementes alas, el grifo luminoso de lo eterno... Y se enturbió la linfa transparente de las glancas pupilas, claros pozos de lumbre que del vivir el tedio reflejaron, y es mudo el labio que de cumbre en cumbre vibró en la lid relámpagos de acero... ¡Oh mártires! ¡oh ruinas que marcasteis el áspero sendero con gajo alterno de laurel y espinas! En torno de las cruces do murieron las víctimas, aullando se amontonó la plebe enfurecida como un tropel de deslomadas hienas. Y abajo, los zarzales por alfombra, y arriba, el Numen, el Amor, la Calma; los mártires, en medio, rasgando —muertos— la terrena sombra al blando golpe de su fresca palma.

¡Oh, videntes, oh mágicos cantores! ahogad el himno, que la cruz aguarda vuestras manos febriles; huid, rompiendo el arpa cristalina, a refugiaros en las sombras. Llegan los salvajes de puño sanguinario: cuando en la viña del furor se anegan, ¡asesinan a Dios en el Calvario! El verso, cual la tenue lamparilla que entre las tumbas ocultaba Roma, alumbre mudo vuestras almas. Hielo lleváis sobre el espíritu cansado, y a los Libros —el Árbol de dolores— del matador que insulta vuestro duelo sólo llegan los bárbaros clamores. Pobres muertos que en hórrida solumbra durmiendo están: la ráfaga de gloria sobre sus frentes pálidas no alumbra. ¿Qué importa si mañana el Orbe acude, el Orbe acude entero a recoger los huesos polvorosos del mártir que murió sobre el madero? El libro quedará cual leño santo de seca sangre por doquier teñido... y a la víctima, en tanto, sofocará la zarza del Olvido. Muy negras son tus canas, ¡oh Trágico sombrío! y muy dulce morir antes que llegue la trémula vejez envuelta en frío. ¿A qué seguir con taciturno paso de camellos?... Dormid al pie del Monte para no ver manchado el horizonte con el ávida sombra del Ocaso... En las cruces nudosas perecerán los mártires. Doliente el Ideal, las alas fatigosas plegando en el azul, lánguidamente, descenderá .sobre la tierra, herido; y como el Genio del silencio mudo, las almas tristes lo verán caído sobre el sangriento marco de su escudo...