Spanish poem
Al crucifijo de mi mesa
by Honorato Vázquez (1855–1933)
A mi hijo Manuel Honorato
A tus pies ha dormido mi pluma, y, al reír el alba, soñolienta empezó su faena, besando tus plantas,
al trabajo, a la lid cada día se va solitaria, y, aunque triste regrese las tardes, no vuelve manchada.
¡Cuántas veces, teñida en mi sangre, cayó en tu peana, y se irguió como un dardo, pidiendo un blanco a mi saña!
Ya no vi tu cabeza sangrienta, tus manos clavadas; vi mi afrenta, buscó al enemigo mi ciega venganza.
Y, al hallarle, tendido ya el arco, vi en su frente pálida de tu sangre una gota, Dios mío, envuelta en tus lágrimas.
«Te perdono, mi hermano, en la sangre que a los dos nos baña, ahoguemos en ella tú el odio y yo la venganza».
Así dije, caí de rodillas, y arrojé a tus plantas ese dardo que cae en tu sangre, si busca la humana.
Con los brazos abiertos presides mi labor diaria; de Ti brota mi idea, y se torna incienso en tus aras.
Por tu cuerpo y tu cruz se desliza, desde la ventana, suave luz que, el papel en que escribo, con tu sombra esmalta.
Y así, alterna entre el sol y tu sombra, mi pluma trabaja, bien sonrían mis labios, bien mojen el papel mis lágrimas.
Habrá un día: ese día mi pluma, yacerá arrojada en mi mesa revuelta, buscando, en vano, tus plantas.
Ni Tú entonces serás en mi mesa; mis manos cruzadas te tendrán recostado en mi pecho sobre una mortaja...
Desde ahora, yo pido a los míos Te besen con su alma, y, enredada en tus brazos mi pluma, con mi pluma me entierren... sin lágrimas.