Versos Spanish Joaquín González Camargo La Lágrima

Spanish poem

La Lágrima

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La casita, el arbusto y el riachuelo, Los prados y los ámbitos del cielo Contemplaba acostado en un diván; Quedé entonces así medio dormido, Con un dulce lelargo... Del olvido Las neblinas tal vez así serán. Cuando el cuerpo se queda aletargado El espíritu, en vuelo levantado, Errabundo, divaga por doquier; Del pasado se va hasta las regiones Y sus ruinas revuelve, y en jirones El recuerdo nos trae de algún placer. Un recuerdo feliz vino a mi mente Y a su lado, cual siempre pura, ardiente, Una lágrima vino, la sentí. Al salir, se detuvo temblorosa Como lo hace una virgen pudorosa Que un abismo contempla frente a sí. Y esa lágrima en prisma convertida, Otro mundo me dieron, y otra vida Con la luz reflejada en su cristal: Un palacio, otros ciento divisaba, Y en sus torres el iris ostentaba Sus colores en fúlgido raudal. Y en un bosque, con sabia simetría, Sus penachos un árbol remecía, Y otros mil en un mágico compás. A sus pies los innúmeros torrentes Arrojaban sus aguas relucientes Como salen las luces de un fanal. Y unas aves, riquísimo el plumaje, En un tiempo, bullían ente el ramaje Cual si fueran un pájaro no más; Si cantaban, era una la armonía. ¡Qué hermosura! el edén me parecía; Y mejor el de Adán no fue jamás. Quise ver la belleza más de cerca, Los ojos abrí más, y lágrima tibia en mi mejilla Sentí blanda rodar. La casita, el arbusto, y el riachuelo Mi vista contempló. ¿Y el edén tan feliz que yo había visto? Con la lágrima huyó. ¡Ah! me dije, venturas ocultaba La huella del dolor: Es la irónica imagen de la vida, De1 hombre y la ilusión ¡Cuántas dichas me han dado en un instante Las lágrimas de ayer! Si así quiero gozar, será preciso Que llore yo otra Vez. Ya lo sé: los placeres alternados Con los pesares van: Llorarán los que gozan, los que hoy lloran Mañana gozarán. Sé que el hombre que ahora vive ardiente Cadáver ha de ser; Y en el templo que altivo se levanta Las ruínas se entrevén. Y las palmas de América murmuran Los ayes de Colón; y se ve tras la aureola del Maestro La cruz del Redentor. Hoy escucho los sones de mi lira Que pulso con placer; Y mañana oiré sobre mi tumba El llanto del ciprés.