Spanish poem
La tumba de Belisario
by Jorge Isaacs
Y dejamos su tumba para siempre En el jaral de la marina selva, Sola con los mugidos de los vientos Y el fragor de la mar en la ribera! Aquel postrer adiós que no responden Los mudos labios ni las manos yertas, Ahogó mis sollozos... y la fosa Lentamente colmó la extraña tierra. Después, envueltos en nocturnas sombras, Infló el terral las temblorosas velas, Y al fulgor de los pálidos relámpagos Hicimos rumbo hacia la mar inmensa. ¡Cómo responden al gemir del alma Ecos y gritos de las olas negras Que al viento arrojan sus penachos níveos Y en las rompientes iracundas truenan! ¡Cuán distantes las cumbres de los montes En los albores de la luna llena!... ¡Qué lejano el desierto pavoroso Donde su tumba solitaria queda! ¡Compañero leal, valiente amigo!... ¿Qué dar en galardón y recompensa De tu heroico y terrible sacrificio A los seres amados que te esperan? Ahora ostentará plácida noche.
En las verdes llanuras del Combeima La veste salpicada de vampiros, Su nimbo azul de fúlgidas estrellas. Las brisas jugarán en los follajes Que tu cabaña en el otero cercan... Allí del hijo amado hablan gozosos... Son sus pasos... Es él, que salvo llega!... Y duermes ya en la tumba que te dimos En el jaral de la marina selva, Sólo con los mugidos de los vientos Y el retumbo del mar en la ribera!