Spanish poem
Sáficos Adónicos A Venus
by José Cadalso (1741–1782)
¡Madre divina del alado niño!, oye mis ruegos, que jamás oíste otra tan triste, lastimosa pena como la mía. Baje tu carro desde el alto Olimpo, entre las nubes del sereno cielo, rápido vuelo traiga tu querida, blanca paloma. No te detenga con amantes brazos Marte, que deja su rigor al verte; ni el que por suerte se llamó tu esposo sin merecerlo; ni las delicias de la sacra mesa, cuando a los dioses, lleno de ambrosía, brinda alegría Jove con la copa de Ganímedes; y el eco suena por los techos altos del noble alcázar, cuyo piso huellas lleno de estrellas, de luceros y astros luz soberana. Cerca del ara de tu templo en Pafos entre los himnos que tu pueblo dice este infelice tu venida aguarda. ¡baja volando! Sobre tus aras mis ofrendas pongo, testigo el pueblo, por mi voz llamado; y concertado con mi tono el suyo, llámate madre. Alzo los ojos al verter el vaso de leche blanca y el de miel sabrosa ciño con rosa, mirtos y jazmines esta mi frente. Mi palomita con la blanca pluma, aún no tocada por pichón amante pongo delante de tu simulacro no la deseches. Ya, Venus, miro resplandor celeste bajar al templo: tu belleza veo. Ya mi deseo coronaste, madre, ¡madre de amores! Vírgenes tiernas, niñas y matronas, ya Venus llega: vuestra diosa viene: El aire suene con alegres himnos júbilo santo. Humo sabeo salga de las urnas, dulces aromas que agradarla suelen, ámbares vuelen, tantos que a la excelsa bóveda toquen. Pueblo de amantes, que a mi voz acudes, a Venus pide que a mi ruego atienda, y que a mi prenda la pasión inspire, cual yo la tengo.
¡Reina de Chipre, diosa de Citeres!, tú que a los dioses y a los hombres mandas, ¿por qué no ablandas a la dura Cloris?, ¡mándalo, Venus!
¡Reina de Pafos y de amores Diosa!, tú que las almas llenas de placeres, ¿por qué no quieres que Dalmiro triunfe?, ¡mándalo, Venus!
Como la rosa agradecida da mil aromas al amoroso céfiro blando cuando la halaga y la rodea,
haz que reciba en su regazo Cloris afable al que la adora.
¡Reina de Pafos y de amores Diosa!, tú que las almas llenas de placeres, ¿por qué no quieres que Dalmiro triunfe?, ¡mándalo, Venus!
Como la yedra halla en el olmo vínculo firme cuando la abraza,
haz que a su amante plácido rostro ponga la ninfa cuando la vea; pábulo nuevo halle su llama en su querida, dulce zagala.
¡Reina de Chipre, diosa de Citeres!, tú que a los dioses y a los hombres mandas, ¿por qué no ablandas a la dura Cloris?, ¡mándalo, Venus!