Spanish poem
Deseo
by José Campo Arana (1847–1885)
Eras tú: mi deseo adivinaba tus rojos labios, tu mirar de fuego, de tu amor las histéricas caricias, el ardiente perfume de tus besos. Eras tú, que surgias en mi mente envuelta entre la niebla de mis sueños, radiante y bella, cual la luna surge del horizonte entre el celaje denso. Eras tú, realidad de una quimera, demonio tentador, terrible y bello, que venía á encrespar con la tormenta de mi existencia el mar triste y sereno. Al eco de tu voz, como las olas se elevan hostigadas por el viento, despertando del tímido letargo, se elevaron en mi alma cien recuerdos. Sentí la vida en mis hinchadas venas cual lava ardiente discurrir de nuevo, y esperanzas, y dichas, y temores germinar en mi oscuro pensamiento; aspiré de la dulce primavera áuras y aromas en el triste invierno; la existencia encontré fácil y hermosa y de morir me abandonó el anhelo; me sentí renacer cuando ya estaba para el amor y la esperanza muerto, bajo la enorme losa de la tumba que levanté para mi amor primero. El fantasma dorado de la gloria, el de fortuna deshechado empeño, ante mis ojos, por su brillo atónitos, plácidos otra vez aparecieron. Tímido como el niño adolescente, te persigo doquier; y hallarte espero, cual el que sueña dichas y dormido á sí mismo se guarda el dulce sueño, temiendo, al despertar, todo el encanto de su delirio contemplar deshecho. ¿Quién eres? ¿Quién á mí te ha conducido? ¿Acaso el ánsia de carnal deseo? ¡Ay de mí! No lo sé, que áun no te he hablado; áun si mientes ignoro... y ya lo temo. No es el instinto el que hácia tí me arrastra, más noble es la pasion con que yo sueño; pero ¿qué importa si una impura llama á pesar tuyo te calcina el pecho? Yo tengo para tí raudal sin fondo de casto amor y nobles pensamientos, y al enlazar mis manos con las tuyas, al oprimir tus labios con mis besos, el perfume de amor que mi alma llena, trocará el vil calor en santo fuego. Beberás ese amor en mis miradas, lo absorberás al respirar mi aliento, te lo trasmitiré cuando mi mano acaricie amorosa tu cabello. Te envolveré en su atmósfera divina, como en nube de aromas y de incienso, despertaré tu corazon dormido, te volveré al amor y al sentimiento. Tú acaso pagarás con la sonrisa mi amor sin mancha, aspiracion del cielo; yo lloraré, mi bien, y tántas lágrimas ablandarán tu loco menosprecio. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¡Y al fin me olvidarás! Llegará un dia, en que acaso con odio nos veremos... ¡El deseo en tu sér se habrá extinguido! ¡Este amor que me inspiras habrá muerto!