English poem
Escena Iii
by José de Espronceda (1808–1842)
Pálido el rostro, cejijunto el ceño, Y torva la mirada, aunque afligida, Y en ella un firme y decidido empeño De dar la muerte o de perder la vida, Un hombre entró embozado hasta los ojos, Sobre las juntas cejas el sombrero; Víbrale al rostro el corazón enojos, El paso firme, el ánimo altanero. Encubierta fatídica figura.-- Sed de sangre su espíritu secó, Emponzoñó su alma la amargura, La venganza irritó su corazón. Junto a Don Félix llega, y, desatento, No habla a ninguno, ni aun la frente inclina; Y en pie y delante de él y el ojo atento, Con iracundo rostro le examina. Miró también Don Félix al sombrío Huésped que en él los ojos enclavó, Y con sarcasmo desdeñoso y frío, Fijos en él los suyos, sonrïó.
D. FÉLIX Buen hombre, ¿de qué tapiz Se ha escapado--el que se tapa-- Que entre el sombrero y la capa Se os ve apenas la nariz?
D. DIEGO Bien, Don Félix, cuadra en vos Esa insolencia importuna.
D. FÉLIX (al tercer jugador sin hacer caso de Don Diego) Perdisteis.
JUGADOR TERCERO Sí. La fortuna Se trocó; tiro y van dos. (Vuelven a tirar.)
D. FÉLIX Gané otra vez. (Al embozado) No he entendido Qué dijisteis, ni hice aprecio De si hablasteis blando o recio Cuando me habéis respondido.
D. DIEGO A solas hablar querría.
D. FÉLIX Podéis, si os place, empezar, Que por vos no he de dejar Tan honrosa compañía; Y si Dios aquí os envía Para hacer mi conversión, No despreciéis la ocasión De convertir tanta gente, Mientras que yo humildemente Aguardo mi absolución.
D. DIEGO (desembozándose con ira) Don Félix, ¿no conocéis A Don Diego de Pastrana?
D. FÉLIX A vos no, mas sí a una hermana Que imagino que tenéis.
D. DIEGO ¿Y no sabéis que murió?
D. FÉLIX Téngala Dios en su gloria.
D. DIEGO Pienso que sabéis su historia, Y quién fué quien la mató.
D. FÉLIX (con sarcasmo) ¡Quizá alguna calentura!
D. DIEGO ¡Mentís vos!
D. FÉLIX Calma, Don Diego, Que si vos os morís luego, Es tanta mi desventura Que aun me lo habrán de achacar, Y es en vano ese despecho. Si se murió, a lo hecho, pecho. Ya no ha de resucitar.
D. DIEGO Os estoy mirando y dudo Si habré de manchar mi espada Con esa sangre malvada, O echaros al cuello un nudo Con mis manos, y con mengua, En vez de desafïaros, El corazón arrancaros Y patearos la lengua; Que un alma, una vida, es Satisfacción muy ligera, Y os diera mil si pudiera Y os las quitara después. Jugo a mi labio han de dar Abiertas todas tus venas, Que toda tu sangre apenas Basta mi sed a calmar. ¡Villano!
(Tira de la espada; todos los jugadores se interponen.)
TODOS Fuera de aquí A armar quimera.
D. FÉLIX (con calma levantándose) Tened, Don Diego, la espada, y ved Que estoy yo muy sobre mí, Y que me contengo mucho, No sé por qué, pues tan frío En mi colérico brío Vuestras injurias escucho.
D. DIEGO (con furor reconcentrado y con la espada desnuda) Salid de aquí; que a fe mía, Que estoy resuelto a mataros, Y no alcanzara a libraros La misma Virgen María. Y es tan cierta mi intención, Tan resuelta está mi alma, Que hasta mi cólera calma Mi firme resolución. Venid conmigo.
D. FÉLIX Allá voy; Pero si os mato, Don Diego, Que no me venga otro luego A pedirme cuenta. Soy Con vos al punto. Esperad Cuente el dinero ... uno ... dos.... (A Don Diego) Son mis ganancias; por vos Pierdo aquí una cantidad Considerable de oro Que iba a ganar ... ¿y por qué? Diez ... quince ... por no sé qué Cuento de amor ... ¡un tesoro Perdido! ... voy al momento. Es un puro disparate Empeñarse en que yo os mate: Lo digo como lo siento.
D. DIEGO Remiso andáis y cobarde Y hablador en demasía.
D. FÉLIX Don Diego, más sangre fría. Para reñir nunca es tarde. Y si aun fuera otro el asunto, Yo os perdonara la prisa. Pidierais vos una misa Por la difunta, y al punto....
D. DIEGO ¡Mal caballero!...
D. FÉLIX Don Diego, Mi delito no es gran cosa. Era vuestra hermana hermosa; La vi, me amó, creció el juego, Se murió, no es culpa mía; Y admiro vuestro candor, Que no se mueren de amor Las mujeres hoy en día.
D. DIEGO ¿Estáis pronto?
D. FÉLIX Están contados. Vamos andando.
D. DIEGO (con voz solemne) ¿Os reís? Pensad que a morir venís.
D. FÉLIX (sale tras de él, embolsándose el dinero con indiferencia) Son mil trescientos ducados.