Spanish poem
01
by José Echegaray (1832–1916)
MARÍA ¡Las doce, y Carlos no viene! (Suspendiendo el trabajo.)
¡Cuando en su conducta pienso, en sus tristezas sin causa, en su anhelar sin objeto, en sus continuas ausencias, en aquel duro despego con que se aparta de mí y del pobre pequeñuelo, la verdad miro patente, el desengaño contemplo, y son certezas mis dudas y son venganzas mis celos! ¡Mi frente quema y le falta respiración a mi pecho!
(Se levanta, se dirige al balcon y lo entreabre; pausa. Después vuelve al proscenio.)
¿Dónde estará Carlos, dónde? ¡La baronesa... Loreto..., ella, sí; no hay que dudarlo! Es hermosa como un cielo, tiene encanto irresistible, y a su mirada de fuego los más sensatos deliran y enloquecen los más cuerdos. Pero a mí también me aclaman por hermosa; y yo le quiero con el alma y con la vida, ¡y soy la madre de Eugenio! ¡Si digo que es imposible; si aunque lo estuviera viendo, creyera la realidad, del delirio fingimiento! ¡Él, tan noble, tan amante, conmigo siempre tan bueno! ¡La prenda del alma mía, Carlos, mi esposo, mi dueño! (Rompe a llorar.)
¿Llora el niño? (Acercándose a la primera puerta de la derecha y escuchando.)
No; serían de mis sollozos los ecos. (Pausa; vuelve a sentarse.)
¡Sola, siempre sola! Carlos, de asuntos con el pretexto, de mí se aleja. Vendrá triste, pensativo, inquieto, y sin estrechar mi mano, y sin dar al niño un beso, sin entrar ni por costumbre en este cuarto tan lleno de perdidas ilusiones y de amorosos recuerdos, a solas con su pasión se irá el infiel, mientras quedo a solas con mis tristezas y luchando, con mis celos. Quiero saber la verdad. ¡la verdad a cualquier precio! Luis me prometió una prueba, y yo estimulé su intento. ¿Hice mal? Yo no lo sé; tan sólo sé que deseo, o de mi mal la evidencia o de mi mal el remedio. ¿Un coche? (Aplicando el oído.) ¿Si será Carlos? No puedo luchar más tiempo con las dudas que me matan; esta misma noche debo hablarle. ¿Por qué vacilo? Si él no viene, iré a su encuentro.
(Se dirige hacia la puerta de la izquierda.)