Versos Spanish José Echegaray 09

Spanish poem

09

by (1832–1916)

Listen in the reader

LUIS Y JUAN.

JUAN. ¡Vengo confundido, absorto! ¡Esto jamás me ha pasado!

LUIS. Pues ¿qué ocurre?

JUAN. Dar dinero porque cuando llegue el amo se avise que el amo llega, o también para llevárselo con pretextos e invenciones, impidiendo que en el cuarto de la señora penetre, esto es natural y es claro. ¿No es verdad, señor don Luis? Aunque yo soy hombre honrado y tranquilo, y no me gustan ni picardías ni escándalos, tales cosas pasan hoy, que no teniendo cerrados los ojos preciso es verlas.

LUIS. Y bien, ¿qué?

JUAN. Pues voy al caso. ¡Caso nuevo, inverosímil; digo más, extraordinario! Entro, como usted ya sabe, y allí me estaba esperando...

LUIS. ¿La señora?

JUAN. La doncella. Pero es igual. El mandato de la señora cumplía.

LUIS. ¿Y cuál era?

JUAN. ¡El más extraño!...

LUIS. ¿Acabarás? Sí, señor; sí, señor; voy acabando. Me hizo aprender una historia (Acercándose a LUIS y contando con mucho misterio.) para contársela al amo en el instante que llegue, de la cual el inmediato efecto será que aquí de fijo entrará don Carlos. ¡Estando usted!

LUIS. ¡Insolente! (Suena el reloj de la chimenea.)

JUAN. Oiga usted... ¡Ya son las cuatro! (Pausa. JUAN procura recordar lo que ha de referir a CARLOS.) Yo debo contar primero que vino usted, y no cargo mi conciencia, no señor, ni a la estricta verdad falto: porque tan vino esta noche como que aun no se ha marchado. Yo debo contar después, que con la señora hablando estuvo usted mucho tiempo, lo cual también es exacto; llegó usted dadas las doce y ha poca dieron las cuatro. Que en esa... conversación la señora soltó el trapo a llorar: verdad también: suspiros, sollozos, llantos escuché sin pretenderlo.

LUIS. ¡Tunante!

JUAN. ¡Si son los cuartos tan pequeños en Madrid!

LUIS. Concluye.

JUAN. Pues de eso trato, que el señor vendrá ya pronto. Yo debo seguir contando que usted se marchó, que tuvo la señora largo rato un fiero ataque de nervios, y que poco después trajo usted mismo unos papeles, que Inesilla con recato entregó a doña María, la cual los tiene guardados. En esto último no todo es historia, pero al cabo hay cierta aproximación suficiente para el caso. Que hubo papeles se ve, (Mirando a la mesa.)

y sin duda usted los trajo. El irse y el haber vuelto no es difícil de arreglarlo, para calmar mi conciencia de hombre recto y timorato. No se fué, lo reconozco. Tampoco ha vuelto; esto es claro. Son dos inexactitudes, pero en sentido contrario. ¿No es lo mismo ir y volver que quedarse? Pues al cabo resulta desde la cruz a la fecha mi relato limpio, correcto, severo, como cumple a un hombre honrado. Y aquí tiene usted la historia que debo contar al amo. ¿Usted qué opina, don Luis?

LUIS. La señora lo ha mandado, y a ti obedecer te toca.

JUAN. Además un buen regalo me ha prometido.

LUIS. ¡Adelante!

JUAN. (Aparte.)

¡Y también él quiere!... Vamos, no lo entiendo. (Alto.) ¡Un coche llega! El es, sí; viene don Carlos. (Sale.)