Spanish poem
17
by José Echegaray (1832–1916)
CARLOS. A solas con su conciencia, dice Luis, y dice bien. Cien veces, y aun otras cien, quise yo de mi demencia vencer la furia en secreto, y tornar a mi María, y siempre me lo impedía la memoria de Loreto. ¿Qué importa ya que vencido ante esa puerta solloce? (Señalando el cuarto de MARÍA.)
¡El bien nunca se conoce hasta después de perdido! (Pausa.)
Me desprecia y me aborrece; es necesario partir; pero antes debo cumplir sin vacilar, que envilece la duda de un solo instante, un imperioso deber. ¡Adiós, sirena o mujer! ¡Adiós, mi Loreto amante!... ¡No; dije mal!... ¡Ya no es mía! ¡La del llanto y el dolor, esa mujer es mi amor, no la impura alegría! ¡Loreto, cuán seductora, qué mirada tan ardiente! ¡Cuánta tristeza en la frente de María, y cuánto llora!
CARLOS. Blanquea el negro capuz del alba la pura esencia, cual en oscura conciencia esparce el deber la luz.
MARÍA. (Leyendo.)
«¡Adiós por siempre, Loreto!» ¡Luego su amor me prefiere!
CARLOS. Hoy el Destino me hiere.
MARÍA. (Aparte.)
¿Qué me dices en secreto, corazón con tu latir? ¿Recuerdas tal vez su amor?
CARLOS. ¡Me falta, ay Dios, el valor, y es necesario partir!