Versos Spanish José Hernández El gaucho Martín Fierro — XII - Ansí estuve en la partida

Spanish poem

El gaucho Martín Fierro — XII - Ansí estuve en la partida

by (1834–1886)

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Yo no sé qué tantos meses esta vida me duró; a veces nos obligó la miseria a comer potro: me había acompañao con otros tan desgraciaos como yo

Mas ¿para qué platicar sobre esos males, canejos? Nace el gaucho y se hace viejo, sin que mejore su suerte, hasta que por ahi la muerte sale a cobrarle el pellejo.

Pero como no hay desgracia que no acabe alguna vez, me aconteció que después de sufrir tanto rigor, un amigo, por favor, me compuso con el juez.

Le alvertiré que en mi pago ya no va quedando un criollo: se los ha tragao el hoyo, o juido o muerto en la guerra; porque, amigo, en esta tierra nunca se acaba el embrollo.

Colijo que jué por eso que me llamó el juez un día, y me dijo que quería hacerme a su lao venir, y que dentrase a servir de soldao de polecía.

Y me largó una proclama tratándome de valiente; que yo era un hombre decente, y que dende aquel momento me nombraba de sargento pa que mandara la gente.

Ansí estuve en la partida, pero ¿qué había de mandar? Anoche al irlo a tomar vide güena coyontura, y a mí no me gusta andar con la lata a la cintura.

Ya conoce, pues, quién soy; tenga confianza conmigo: Cruz le dio mano de amigo, y no lo ha de abandonar; juntos podemos buscar pa los dos un mesmo abrigo.

Andaremos de matreros si es preciso pa salvar; nunca nos ha de faltar ni un güen pingo pa juir, ni un pajal ande dormir, ni un matambre que ensartar.

Y cuando sin trapo alguno nos haiga el tiempo dejao, yo le pediré emprestao el cuero a cualquiera lobo, y hago un poncho, si lo sobo, mejor que poncho engomao.

Para mí la cola es pecho y el espinazo es cadera hago mi nido ande quiera y de lo que encuentro como; me echo tierra sobre el lomo y me apeo en cualquier tranquera.

Y dejo rodar la bola, que algún día se ha de parar- tiene el gaucho que aguantar hasta que lo trague el hoyo, o hasta que venga algún criollo en esta tierra a mandar.

Todos se güelven proyetos de colonias y carriles, y tirar la plata a miles en los gringos enganchaos, mientras al pobre soldao le pelan la cucha- ¡ah, viles!

Pero si siguen las cosas como van hasta el presente, puede ser que redepente veamos el campo disierto, y blanquiando solamente los güesos de los que han muerto.

Lo miran al pobre gaucho como carne de cogote: lo tratan al estricote y si ansí las cosas andan, porque quieren los que mandan, aguantemos los azotes.

¡Pucha! Si usté los oyera, como yo en una ocasión tuita la conversación que con otro tuvo el juez; le asiguro que esa vez se me achicó el corazón.

Hablaban de hacerse ricos con campos en la fronteras, de sacarla más ajuera, donde había campos baldidos y llevar de los partidos gente que la defendiera.

Hace mucho que sufrimos la suerte reculativa trabaja el gaucho y no arriba porque a lo mejor del caso, lo levantan de un sogazo sin dejarle ni saliva.

De los males que sufrimos hablan mucho los puebleros, pero hacen como los teros para esconder sus niditos: en un lao pegan los gritos y en otro tienen los güevos.

Y se hacen los que no aciertan a dar con la coyontura: mientras al gaucho lo apura con rigor la autoridá, ellos a la enfermedá le están errando la cura.

XIII. A los indios me refalo

ya veo que somos los dos astillas del mesmo palo: yo paso por gaucho malo y usté anda del mesmo modo; y yo, pa acabarlo todo, a los indios me refalo.

Pido perdón a mi Dios que tantos bienes me hizo, pero dende que es preciso que viva entre los infeles, yo seré cruel con los crueles: ansí mi suerte lo quiso.

Dios formó lindas las flores, delicadas como son; le dio toda perfeción y cuanto él era capaz, pero al hombre le dio más cuando le dio el corazón.

Le dio claridá a la luz, juerza en su carrera al viento, le dio vida y movimiento dende la águila al gusano; pero más le dio al cristiano al darle el entendimiento.

Y aunque a las aves les dio, con otras cosas que inoro, esos piquitos como oro y un plumaje como tabla le dio al hombre más tesoro al darle una lengua que habla.

Y dende que dio a las fieras esa juria tan inmensa, que no hay poder que las venza ni nada que las asombre, ¿qué menos le daría al hombre que el valor pa su defensa?

Pero tantos bienes juntos al darle, malicio yo que en sus adentros pensó que el hombre los precisaba que los bienes igualaba con las penas que le dio.

Y yo empujao por las mías quiero salir de este infierno: ya no soy pichón muy tierno y sé manejar la lanza, y hasta los indios no alcanza la facultá de gobierno

yo sé que allá los caciques amparan a los cristianos, y que los tratan de cuando se van por su gusto. ¡A qué andar pasando sustos-! Alcemos el poncho y vamos.

En la cruzada hay peligros, pero ni aun esto me aterra: yo ruedo sobre la tierra arrastrao por mi destino; y si erramos el camino- no es el primero que lo erra.

Si hemos de salvar o no, de esto naides nos responde; derecho ande el sol se esconde tierra adentro hay que tirar; algún día hemos de llegar- después sabremos a dónde.

No hemos de perder el rumbo: los dos somos güena yunta. El que es gaucho ve ande apunta aunque inora ande se encuentra; pa el lao en que el sol se dentra dueblan los pastos la punta.

De hambre no pereceremos, pues, sigún otros me han dicho, en los campos se hallan bichos de los que uno necesita- gamas, matacos, mulitas avestruces y quirquinchos.

Cuando se anda en el desierto se come uno hasta las colas; lo han cruzao mujeres solas llegando al fin con salú, y ha de ser gaucho el ñandú que se escape de mis bolas.

Tampoco a la sé le temo; yo la aguanto muy contento; busco agua olfatiando el viento y, dende que no soy manco, ande hay duraznillo blanco cavo, y la saco al momento.

Allá habrá siguridá ya que aquí no la tenemos; menos males pasaremos y ha de haber grande alegría el día que nos descolguemos en alguna toldería.

Fabricaremos un toldo, como lo hacen tantos otros, con unos cueros de potro, que sea sala y sea cocina. ¡Tal vez no falte una china que se apiade de nosotros!

Allá no hay que trabajar, vive uno como un señor; de cuando en cuando un malón, y si de él sale con vida, lo pasa echao panza arriba mirando dar güelta el sol

Y ya que a juerza de golpes la suerte nos dejó aflús puede que allá veamos luz y se acaben nuestras penas: todas las tierras son güenas; vamonós, amigo Cruz.

El que maneja las bolas, el que sabe echar un pial y sentársele a un bagual sin miedo de que lo baje, entre los mesmos salvajes no puede pasarlo mal.

El amor como la guerra lo hace el criollo con canciones; a más de eso en los malones podemos aviarnos de algo; en fin amigo, yo salgo de estas pelegrinaciones.

En este punto el cantor buscó un porrón pa consuelo, echó un trago como un cielo, dando fin a su argumento; y de un golpe el instrumento lo hizo astillas contra el suelo.

Ruempo, dijo, la guitarra, pa no volverme a tentar; ninguno la ha de tocar, por siguro tengaló; pues naides ha de cantar cuando este gaucho cantó.

Y daré fin a mis coplas con aire de relación; nunca falta un preguntón más curioso que mujer, y tal vez quiera saber como jué la conclusión.

Cruz y Fierro de una estancia una tropilla se arriaron; por delante se la echaron como criollos entendidos, y pronto sin ser sentidos por la frontera cruzaron.

Y cuando la habían pasao, una madrugada clara le dijo Cruz que mirara las últimas poblaciones, y a Fierro dos lagrimones le rodaron por la cara.

Y siguiendo el fiel del rumbo se entraron en el desierto, no sé si los habrán muerto en alguna correría, pero espero que algún día sabré de ellos algo cierto.

Y ya con estas noticias mi relación acabé; por ser ciertas las conté, todas la desgracias dichas: es un telar de desdichas cada gaucho que usté ve.

Pero ponga su esperanza en el Dios que lo formó; y aquí me despido yo que he relatao a mi modo MALES QUE CONOCEN TODOS, PERO QUE NAIDES CONTÓ.